Karla Ivonne Mijangos Fuentes

Ser enfermer@ en cualquier tiempo nunca ha sido fácil, podemos trasladarnos a cualquier periodo histórico que se prefiera e interese, pero todos, y cada uno de ellos termina por decirnos que el camino de la enfermería hacia la profesionalización no ha sido nada sencillo; claro está, que hubo momentos en los que la Enfermería tuvo mayor crecimiento y visibilidad, pero ¡en verdad!, podemos hablar de un reconocimiento de la sociedad hacia el profesional del cuidado, o, solo se trata de un reconocimiento a nivel del campo disciplinar de la salud y desde el nombramiento como profesión.
Quizás si hablamos desde este posicionamiento legal, podamos distinguir una identidad profesional que nos relega a un cierto estatus. Sin embargo, la pregunta gira en función de, sí los enfermer@s sienten comodidad y confort con este reconocimiento legal, y, sí este reconocimiento profesional ha sido suficiente para sentirse seguros, plenos de derecho, autónomos e identificados con la ontología de la enfermería.
En este sentido, la pandemia por covid pese a verla como el gran enemigo del 20/20, también se le debe considerar como el mejor pedagogo de la historia _nos dice Boaventura de Sousa (2020)_, porque el coronovirus se nos presentó en un momento de tantas controversias y dudas, incluso existenciales. Justo ahora que el virus llegó a nuestra vidas, cuestiona nuestras prácticas y nuestras formas de estar en el mundo.
Este gran pedagogo nos refuta la idea de que el ser humano domina todo cuanto hay en la tierra; desde esta perspectiva, hoy nos indica que antes de nuestra existencia los virus ya eran dueños de la misma, y que a semejanza de los seres humanos, también ellos son seres orgánicos que cohabitan y conviven con la naturaleza, por tanto, siempre estarán presentes en nuestras vidas (Boaventura, 2020). Es así que, la pandemia por covid hoy toca nuestros más sublimes sentidos y corporalidades para cuestionar nuestro posicionamiento, poder y dominio como profesionales de la salud, y muy específicamente, como enfermeros.
Es justo la pandemia, lo que hoy denominamos como un desastre, la que nos interpela y trastoca nuestros conocimientos. En este tenor, reconocemos este valor legal como profesión, incluso podemos palparlo a través de una cédula profesional, pero hoy tiramos el gran velo que cubre nuestros ojos y descubrimos que para muchas sociedades, la enfermería no es más que una persona que viste de blanco y colabora en las actividades médicas _raro no está, que en una ocasión una amiga me dijo que no sabía que la enfermería, era una profesión_ “fue un momento incómodo, pero también me bajó del peldaño del mundo cocreado y de heroísmo”
Pero no sólo hablamos de esta identidad social, sino también tocamos las fronteras de las desigualdad, la exclusión y las diversas discriminaciones generizadas y jerarquizadas en las que nos vemos naturalizados y normalizados. Desde siempre hemos sido construidos por un poder hegemónico que controló nuestra individualidad y colectividad. Hoy nos preguntamos porqué no se nos cuida, porqué sufrimos agresiones, porqué no nos proporcionan un sueldo digno, porqué no nos ofrecen una seguridad laboral, porqué no podemos ejercer como gestores de políticas sanitarias, porqué no tenemos puestos directivos, porqué, porqué y porqué….nuestro léxico y pensamiento se llena de porqués.
En esta línea, los cuestionamientos surgen disparados hacia un exterior, hacia una nube que habrá de escucharlos, pero no se introyectan, es decir, no nos preguntamos qué sucede cuándo busco la igualdad y equidad profesional, pero no dejo de ser dominad@ por otras profesiones, por ejemplo, puedo sentir un pleno enojo porque me siguen nombrando señorita o joven, pero no hago más que interiorizar mi molestia. En este ejemplo, podemos entender que no sólo se tratan de actos individualizados y adquiridos conductualmente por una persona, por el contrario, se tratan de prácticas y Habitus que fuimos añadiendo a nuestro ser derivados de la formación, de las prácticas, de la interacción con otr@s enfermer@s, de lo que llamamos disciplina y “educación”, que también podemos denominar como adoctrinamiento o alienación.
Esta pandemia, por muy dura que pueda serlo, hoy nos ha mostrado una identidad en la cual no nos reconocíamos, o, simplemente no sabíamos como nombrar a todo aquello que nos causaba molestia, pero que reconocíamos como razón de ser enfermer@. Empero, así como develó todas nuestras debilidades, también visibilizó nuestras fortalezas e impactos de intervención para la sociedad. Hoy, no dejo de escuchar en la radio, televisión y en todas las redes sociales que se hable de enfermería, de ese riesgo que asumen y aceptan l@s enfermer@s para cumplir con un rol profesional, hoy mismo, las personas se preguntan sobre el número de horas que estos cuidadores pasan de pie, sobre las privaciones que tienen dentro de un área de covid (sed, calor, ganas de miccionar, etc.), sobre las privaciones sociales y familiares y sobre los efectos secundarios que esta fría pandemia dejará en el cuerpo de l@s enfermer@s.
Quizás, no es el reconocimiento que se anhela como profesión, pero es un momento histórico de compasión y de empatía hacia con una profesión a la cual le hemos quedado a deber como sociedad, a lo largo de toda la historia. Una profesión que siempre ha estado presente, pero por siempre ha estado ausente del imaginario de la sociedad, del Estado, del Sistema Sanitario y de la relación interprofesional, la cual se ha mostrado desde una verticalidad dominante y autoritaria.
Es así que la pandemia, no solo destrozó nuestras emociones y afectos como enfermer@s al vernos envueltos en esta ola de muertes, duelos y desolaciones, que no cesan. La pandemia hoy se convierte en nuestro aliado y clave fundamental para la emancipación, hoy sabemos que debemos seguir en el control de la pandemia, porque simplemente ser enfermer@ en tiempos de pandemia, es ser aliad@ de las personas que sufren por la pérdida de su energía y equilibrio corporal. Ser enfermer@ en estos tiempos es desestabilidad espacial y temporal, y efectivamente, un camino muy complejo de sobrellevar.
No obstante, ser enfermer@ en tiempos de covid-19 es deconstrucción, emancipación, des(opresión), disidencia y subversión. Hoy nos encontramos ocupados con nuestros usuarios, con nuestra soledad liberadora, con nuestros pensamientos que desmitifican todo lo construido por la modernidad en torno a nuestra identidad y representación, de la cual no nos sentimos pertenecientes, pero que debido a esta incomodidad y dolor que rasga nuestras heridas corporales y espirituales, hoy sabemos que la enfermería no puede, ni debe ser igual que ayer y hoy.

_Algo habremos de cambiar; Algo habremos de encontrar anclado a nuestra historia y que debemos des-esposar;
Algo habremos de enconizar para sanar las heridas, pero Algo debemos re-pensar y re-inventar en la Enfermería_