EL EGOÍSMO INDIVIDUAL OBJETIVO DE LAS SOCIEDADES MODERNAS SOBRE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS

Karla Mijangos Fuentes

De acuerdo con Simmel (1903) la vida moderna conlleva a la conexión incesante entre la individualización y la socialización, y que si es posible realizar esta distinción es porque el sentido de cada uno de estos procesos remite al otro (Wilkis, 2005).

Desde este punto de vista, se observa que la tensión entre individuo y sociedad trasciende también a las sociedades indígenas y “modernas”. Más allá de las diferencias estructurales y políticas que existe entre ambas sociedades, es posible observar la gran diversidad que existe entre la tragedia sociológica y la tragedia cultural (Levine, 2002, en Wilkis, 2005).

La fragmentación de la vida social es emancipante y gratificante, mientras que la fragmentación de la experiencia cultural del hombre es frustrante (Simmel, 1903, en Wilkis, 2005). A partir de esta definición, una tragedia social promoverá las condiciones para el desarrollo de la individualidad de los miembros de las comunidades indígenas; mientras que una tragedia cultural impedirá o ayudará al propio desarrollo del indígena en sí mismo.

En este sentido, como afirma Simmel (1903) ambas tragedias revisten un carácter transpersonal y objetivo frente a los individuos que las conforman, debido a que esta objetividad suprime la inmediatez (wilkis, 2005). Por tanto, con la aparición de ambas tragedias queda inhabilitado la acción del espíritu subjetivo en los indígenas.

Al respecto, al predominar el espíritu objetivo en las sociedades dominantes, éstas, no se preguntarán para nada por el éxito de las comunidades indígenas en función de la felicidad y los intereses personales en sentido más estricto del sujeto (Simmel, 2002:105). Como mismo Simmel (1986:247) afirma: “Este dilema característico de la cultura moderna representa el contraste entre sujeto y objeto, persona y mundo o egoísmo y altruismo y se expresa en la idea moderna de la productividad original del alma”.

Asimismo, Simmel afirma que una de las mayores consecuencias de la modernidad, es la preponderancia del espíritu objetivo sobre el subjetivo o de una sociedad moderna sobre una indígena; esto es, “tanto en el lenguaje como en el derecho, tanto en las técnicas de la producción como en el arte, tanto en la ciencia como en los objetos del entorno cotidiano, está materializada una suma de espíritu cuyo acrecentamiento diario sigue el desarrollo espiritual del sujeto sólo muy incompletamente y a una distancia cada vez mayor” (Simmel, 1986: 259).

Todo este mundo objetivo de las sociedades modernas, se traduce, en la transgresión de la libertad individual de las comunidades indígenas para seguir reproduciendo su mundo de vida. Un claro ejemplo de esta dependencia objetiva puede ser visto, en la sobrevaloración y dominio de la medicina occidental sobre la medicina tradicional indígena,

A partir de una concepción científica, objetiva y material de la sociedad, lo que prima son las relaciones de producción y consumo de los medicamentos alópatas, debido a la cosificación del proceso. En cambio, para los indígenas y para la medicina tradicional es más importante las relaciones intersubjetivas, comprensivas y holísticas del malestar de la persona, más que el consumismo y materialismo.

Esta diferenciación entre el espíritu objetivo de las sociedades modernas y el espíritu subjetivo de las comunidades indígenas, también se puede aclarar, observando que en las sociedades modernas versa la economía monetaria y dominio del entendimiento en una profunda conexión (Simmel, 1986).  Por tanto, para estas sociedades modernas les es común la pura objetividad en el trato con hombres y cosas, en que se empareja a menudo una justicia formal con dureza despiadada.

En cambio, para las comunidades indígenas el espíritu subjetivo subyace en el individuo y en el bien común. Como explicó León- Portilla (2018) “los indígenas no tienen mentalidad capitalista, como muchos de nosotros”… [ ] “los indígenas nos enseñan el amor por la naturaleza”, naturaleza que está profundamente herida por la razón instrumental de la sociedad.

Esta racionalidad, se ve reconocida en la violencia de la sociedad moderna. Las grandes Ciudades han sido desde tiempos inmemorables la sede de la economía monetaria, puesto que la multiplicidad y aglomeración del intercambio económico proporciona al medio de cambio una importancia a la que no hubiera llegado en la escasez del trueque (Simmel, 1903).

A diferencia, el espíritu subjetivo de los pueblos originarios permite que el productor y consumidor se conozcan, creando relaciones sociales de intercambio entre ambos agentes sociales, y eso a su vez permean la dinámica cultural y armoniosa de dichas comunidades, sin que esto lleve al beneficio de unos sobre otros. En tanto, que en las sociedades modernas se trabaja por el mercantilismo y acumulo de capital, como objetivo materialista que se extiende entre todos los miembros.

Como afirma Simmel (1903:) “El hombre puramente racional es indiferente frente a todo lo auténticamente individual, pues a  partir de esto resultan relaciones y reacciones que no se agotan con el entendimiento. Pues el dinero sólo pregunta por aquello que les es común a todos, por el valor de cambio que nivela toda cualidad y toda peculiaridad sobre la base de la pregunta por el mero cuánto (simmel, 1986:249).

Esta reflexión, presupone que las sociedades modernas se muestran egoístas, pretendiendo una violación al altruismo social del ser singular por la pluralidad de seres y en su beneficio, que a menudo lleva al indígena a una total especialización y reducción (Simmel, 2002:105). Así, cuanto más desarrolla el indígena un aspecto particular y acotado, más se atrofia su personalidad e identidad en tanto totalidad y menos se realiza su cultura subjetiva. (Wilkis, 2005).

En efecto todos los pueblos indígenas han experimentado históricamente una enorme presión social y política, de la sociedad o del Estado, hacia la pluralidad de intereses sociales capitalistas. Por eso cuando estudiamos el contexto socio-histórico, no es extraño para nadie que la violación de la libertad absoluta e individual del indígena deviene por el colonialismo impregnado de dominio y poder capitalista.

Esta libre competencia de los intereses capitalistas y colonialistas como el orden natural de las cosas provocó la violación del ser humano y que al mismo tiempo afirma Rousseau (en Simmel, 2002:112) causó todo debilitamiento y todo mal en dichas sociedades indígenas. En este sentido, las sociedades colonizadoras absolutizaron la libertad individual de las comunidades indígenas hasta tal extremo que prohibió a los indígenas defender sus derechos, propiedades e intereses.

Corresponde agregar, que el sistema capitalista en el trayecto de toda la historia ha tratado de someter y aculturar a las comunidades indígenas hacia un progreso y homogenización de las sociedades. Y como efecto de este dominio, dichas instituciones han desincentivado el uso de las lenguas nativas, de la medicina tradicional y de todas las prácticas y herencias culturales indígenas.

En este sentido, dicha pluralidad objetiva ha provocado que las familias indígenas privilegien el dominio y poder de las sociedades modernas como mecanismo de adaptación al contexto social dominante. Y Como  resultado, “las nuevas generaciones se encuentran en un proceso de olvido de su lengua materna, de sus prácticas y herencias culturales, así como de toda su identidad” (Leon- Portilla, 2018, en Mateos, 2018).

En palabras de Simmel: “Los más profundos problemas de la vida moderna manan de la pretensión del individuo de conservar la autonomía y peculiaridad de su existencia frente a la prepotencia de la sociedad, de lo históricamente heredado, de la cultura externa y de la técnica de la vida.” (Simmel, 1986: 247, en Wilkis, 2005).

Desde esta visión, los pueblos indígenas siempre han aspirado a la libertad e igualdad de derechos frente a la pluralidad, debido a que esta libertad ha sido suprimida por el egoísmo de la sociedad. Como afirma León-Portilla “la solución de la pobreza entre los pueblos indígenas, no radica en ofrecerles dinero en efectivo, sino es brindarles la posibilidad de ser dueños de su destino” (en Mateos, 2018).

En esa garantía de libertad, también “se debe respetar si ellos quieren dejar de ser “indios” y olvidarse de sus lenguas, o también, sí estas comunidades indígenas quieren conservar sus valores, sus idiomas, su aprecio por la tierra, y por sus tradiciones, están en su derecho, pero siempre hay que dejarlos vivir con dignidad” (León-Portilla, en Mateos, 2018).

REFERENCIAS

  • Mateos, M. (2018). Los indígenas necesitan ser dueños de su destino, plantea León-Portilla. Nota periodística. En La Jornada. Consultado en jornada.com.mx
  • Simmel, G. (1903). Las grandes urbes y la vida del espíritu. En Simmel, G. El individuo y la libertad. (1986). Ensayos de crítica de la cultura. Península, Barcelona,  247-261 pp.
  • Simmel, G. (2002). Cuestiones fundamentales de sociología.  Gedisa, Barcelona, 16-139 pp.
  • Wilkis, A., y Berger, M. (2005). La relación individuo-sociedad: una aproximación desde la Sociología de Georg Simmel. Athenea Digital, num. 7, 77-86 pp.

Published by karlamijangos

Enfermera, apasionada de la investigación, activista social y del movimiento descolonizador en enfermería.

Leave a comment

Design a site like this with WordPress.com
Get started