Transición política e histórica de la Enfermería

Karla Mijangos Fuentes

Podemos señalar que toda esta transición política e histórica por la que ha atravesado, y sigue pasando la enfermería, y que se puede materializar a través de todos los movimientos sociales que se están viviendo en América Latina, es sumamente interesante, trascendente y emotiva, no sólo por el hecho histórico que ésta representa, sino porque también nos posiciona en otros mundos posibles de pensamiento.

En este sentido, estas transiciones hoy nos permiten tratar temas que en otros tiempos no hubiese sido posible, ni siquiera imaginarlo y cuestionarlo, ahora actuar sobre ellos, era totalmente utópico. Y no sólo era debido a la permanencia de un conocimiento, modelo y poder hegemónico, sino porque también esto era algo que no era visibilizado, ni siquiera percibido, o, simplemente que no podíamos mirar más allá de la historia y las utopías, porque siempre hemos sido parte de esta imbricación y anclaje de formas de pensamiento y colonialidad del saber y del ser, la cual, al mismo tiempo nos hacia estar, pensar y actuar en un mundo de ideas, que también es parte de un mundo paradigmático de entender(nos) en este universo.

A este respecto, y retomando el acontecer de los movimientos y transiciones políticas vividas en nuestros territorios Latinoamericanos, también nos permiten repensar(nos) a nosotrxs mismxs en nuestra construcción y reproducción de ser enfermeros, enfermeras y enfermeres, sobre todo ligado a nuestros fundamentos ontológicos y epistemológicos que nos vuelven a cuestionar: cuál es la posición qué ocupamos nosotros en este mundo, y no sólo en este mundo tangible, sino en nuestros territorios y espacios políticos más próximos. Esta pregunta soslaya en reflexionar cómo es que materialmente somos visibilizados e imaginados, por tanto, qué uso práctico y simbólico se nos atribuye dentro de las sociedades de las que formamos parte.

Justo a través de este ejercicio tan necesario que nos lleva al pensar, en cuanto acto subjetivo más que objetivo de pensamiento, yo misma me atrevo a pensar y sostener, que este fue el corolario y quiebre donde nos reencontramos y desconocimos al mismo tiempo, porque más allá de reconocernos corporeamente, nos sentimos abrumados por la pesadez de no sentirnos representados dentro de nuestros propios territorios, porque de cierta manera, y por denominar y asignar un nombre a este hecho, simplemente dimos cuenta que verdaderamente nos sentíamos excluidos, rechazados, o, en último caso negados, porque las sociedades a las que pertenecemos siempre han normalizado y naturalizado las violencias y desigualdades que vivíamos, y que seguimos viviendo como profesionales de enfermería.

Esto es normal, cuando se piensa que las voluntades colectivas se constituyen de voluntades individuales que construyen una óptica de pensamiento de su tiempo, espacio y territorio, y que al formar parte de esta telaraña, también como ser individual y social reproduces parte de toda esta historia, por tanto, se piensa y recrea que es algo que no se puede eclosionar, por ende, al ser parte de estas historias no podemos arrancar las memorias y cicatrices adheridas a nuestrxs cuerpxs, y que en cierta magnitud, es verdad, sin embargo, no se trata de eclosionar y fusionar con neologismos prácticos y políticos, sino se trata de trascender con lo ya construido.

Justamente, y a partir de este ejercicio de reflexividad, es donde vemos que las luchas sociales han hecho las transiciones, y que a su vez las transiciones, los choques culturales, y todas estas transiciones epidemiológicas se requieren para sobrevivir y sobre-existir, porque las transiciones al igual que la muerte, nos recuerdan y nos hacen pensar la vida y la salud; suena paradójico, y sí que lo es, que sólo tengamos que recuperar la importancia de la vida misma a través de la enunciación de la muerte, pero en definitiva, estar y sentir(nos) tan cerca de la muerte, o, de una muerte de pensamiento, nos recuerda que no somos infinitos y que tenemos un tiempo determinado, en el que la determinación es el camino, porque ésta nos exige, de cierta manera, cuestionarnos, sí es ésta la enfermería que hemos soñado siempre, sí es ésta la posición social y política que hemos anhelado, o, es que estamos totalmente desposicionados dentro de esta sociedad, y ya no en sentido global, sino dentro de una sociedad científica profesional.

Es así que damos cuenta, que definitivamente requeríamos de estos movimientos sociales _todos_, de estas luchas y conflictos internos, de estas deconstrucciones y también de esta emancipación desde los propiamente político del cuerpo, porque hay que recordar que el cuerpo o la cuerpa también es político, por ende, la recuperación de esta capacidad política vital del cuerpo se hace tan necesaria para emancipar nuestro propio espacio político, para así poder reconstruir y reiventar la enfermería que queremos.

En este sentido, reconozco sentidamente la emoción particular que me genera ver todas estas luchas territoriales y profesionales, porque al final, todas las enfermerías latinoamericanas vivimos bajo esta estructura de opresión y bajo este mismo yugo de dominación y distinción que nos ha sostenido durante la historia, y que nos sigue sosteniendo por más de 500 años de colonialidad, pero que hoy con las transiciones nos es posible desestructurar y emancipar.

Published by karlamijangos

Enfermera, apasionada de la investigación, activista social y del movimiento descolonizador en enfermería.

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