SINERGIA Y SINTONIA PARA RE(ELABORAR) LA AMISTAD EN ENFERMERÍA

Por Karla Mijangos Fuentes

Al parecer desde que somos niñas y niños nos hablan de fechas especiales que, en muchas ocasiones, no logramos dimensionar el significado de dichos constructos y símbolos implícitos en el nombre del concepto. Uno de estos términos, no muy preciso, no muy lejano, invariablemente pronunciado y no siempre comprendido, interpretado e interpelado, es el día del AMOR y la AMISTAD.

Justo cuando somos niñes logramos comprender en la experiencia vivida que, el amigo, amiga o amigue es el que comparte nuestros intereses, nos respeta, nos hace regalos en cumpleaños y días de San Valentín, come con nosotres en el receso…en fin…es nuestra compa en todas las dimensiones. No obstante, es en la amistad en la que encontramos las contradicciones más extremas, porque a estas personas que, no se nos fueron asignadas, sino, por el contrario, nosotres decidimos estar con elles, observamos siempre desacuerdos, por ejemplo, no tiene los mismos gustos para vestir, odia ciertas comidas que a nosotres nos encantan, por tanto, vemos más elementos convexos que cóncavos.

Y así seguimos creciendo, y mucha/os logramos aceptar al amigo o amiga porque simplemente los momentos que pasamos son tan agradables, que nos es impensable no estar con elles, pero, en otras ocasiones, la relación se nos vuelve tan compleja de aceptar por las diferencias; y es cuando pensamos que son seres “demasiado” ajenos a nuestro sentir y pensar.

A este respecto, nos planteamos sí es solo la diversidad la que produce fisuras en las relaciones de amistad e interacción interpersonal, y principalmente, en la relación entre mujeres, o quizás, entre enfermeras. Una de las posibles respuestas que se nos presentan, es que los problemas y conflictos personales, se encuentran anclados y objetivados a la institucionalización del patriarcalismo estructural de la sociedad.

Como refiere Marcela Lagarde, tal parece que toda esta concepción y subjetivación ha tomado fuerza en todo el cuerpo, mente, espíritu y corazones de las mujeres y hombres en el mundo, al grado que se homologa el género con mujer, lo femenino con la enfermera, el rol de cuidado doméstico con enfermería y así podemos seguirnos con una infinidad de eslabones, los cuales forman cadenas de oro inquebrantables.

Y digo inquebrantables, porque son vasallajes construidos por más de 500 años; nada fácil de romper o torcer. Y justo en esta especificidad de las diferencias, surgen las otredades, las que no se parecen a los hombres, los diferentes, las personas discapacitadas, las locas, las personas que viven racismos, sectarismos, los dimorfismos sexuales, por tanto, los que siempre tendrán una cicatriz sobre sus cuerpos desiguales.

Hasta ahora, se ve que esto que se enuncia, está lejano del concepto de amistad y de enfermería, es decir, ¿dónde podemos mirar su encuentro? A este respecto, se añade que avanzar en la eliminación de toda forma de exclusión y discriminación, es lograr la sinergia y amistad entre los nuevos sujetos de la enfermería.

En este sentido, reconocernos como sujeta/os diversa/os, es incluir las diferencias y la especificidad, así como la pluralidad de personas edificadas en un muy particular hecho histórico, por tanto, nos reconocemos como ciudadano/as de derecho, democrática/os, además de sujetes sociales, sexuales y del deseo, por consiguiente, reconocernos y reelaborarnos comprende modificar las nociones estereotipadas entre ser mujer y ser hombre, entre ser enfermera experta e inexperta, ser mejor enfermera o novata, acompañar o ahogar en el cuidado, reconocer o tirar.

En esta ocasión me dirijo al carácter de mujer, porque justo el modelo patriarcal y heteronormado, nos ha hecho este regalo a las mujeres y, por supuesto, a la enfermería, quién conserva en su plantilla más mujeres que hombres. Tal como lo dice Lagarde, esta “Marca patriarcal impide garantizar el bienestar de las mujeres”, por ende, de las enfermeras. Es así que, el acceso a las oportunidades de desarrollo y participación democrática se limitan, y sí no se limitan, se busca que la otra no logre esta libertad de desarrollo, por el contrario, en caso de que una “otra” obtenga esta oportunidad, lo que queda es destruirla emocional y simbólicamente.

En esta dirección, reconocer la dignidad y la integridad de mujeres y hombres, y de enfermeras y enfermeros de diversas definiciones, condiciones e identidades, nos permite emanciparnos de estas construcciones de género, de enemistad y egoísmo, de hegemonía teocrática y todo fundamentalismo. Todo ello, a través de la interculturalidad dialógica, dialéctica, crítica y reflexiva (Seyla Benhabib, en Lagarde, 2012).

Por todo ello, se hace tan preciso en este día del amor y la amistad reelaborar el concepto de la amistad en enfermería, por tanto, se estrecha la relación de la sinergia y la sintonía, porque justo en la sinergia surge la colaboración intraprofesional para realizar toda función o tarea, que hace del cuidado, una acción complementaria y de empoderamiento enfermero, la cual no fracciona, ni al cuidado ni a la persona que atendemos. Es decir, ¡no es que a mí no me toca!, ¡no es que mi tiempo aún no empieza!, es, lo que le sucede a la persona o al enfermero o enfermera me sucede a mí, me traspasa a mí, me pertenece a mí.

En este tenor, la sintonía es la que nos permitirá un entendimiento y empatía entre colegas, debido a la afinidad, o, a la aceptación de la diversidad entre elles. Por consiguiente, es la sintonía la que romperá jerarquías, desigualdades, estructuras binarias del trabajo sexuado, discriminaciones…en fin…es la que nos impulsará al desarrollo y amistad con sentido social, equitativo, democrático, justo, político, económico, social y cultural (Lagarde, 2012).

Bien lo dice Marcela Lagarde, “se trata de un paradigma de desarrollo humano sustentable, no depredador, respetuoso y potenciador de las personas, las comunidades, del entorno social y ambiental, del patrimonio cultural tangible e intangible, preservador de la diversidad y la especificidad dinámicas” (2012, p.76).

En general, la sinergia requiere la capacidad de mirar holísticamente la problemática, la coyuntura y las historias de vida y profesional, porque necesitamos relaciones y amistades solidarias, pactadas, equivalentes y recíprocas entre nosotres. En este sentido, construir amistades maduras entre enfermeres, forjará que me reconozca en la otra, y su yo en mí; por consiguiente, llevaremos la relación individualista, patriarcal y egoísta a la agonía.

Por todo ello, la ideología de la feminidad y la competencia desleal entre las enfermeras quedará enarbolada en la diversidad, minimizando así lo común entre las mismas, aquello que debemos refrendar, porque, de lo contrario, solo estaremos atendiendo a actividades y comportamientos de feminidad, los cuales nos juzgan, nos califican, nos dan posiciones jerárquicas, prestigio, estatus, rango profesional, y todo lo alcanzable, debido a que mantuvimos, conservamos y reproducimos los atributos femeninos. Atributos que reproducimos diariamente en cada uno de los elementos simbólicos de la enfermería, en la rigidez de las normas, en el portar militarizado del uniforme y en el ser y comportarse como enfermera o enfermero, el cual nunca deja de ser controlado, vigilado y castigado.

“Festejemos la amistad en enfermería procreando relaciones maduras, solidarias y desde una ética del cuidado”

REFERENCIAS

  • Lagarde, M. (2012). El feminismo en mi vida: Hitos, claves y topías. InMujeres. D.F.
  • Videira, Joana (2013). “Seyla Benhabib. El Ser y el Otro en la ética contemporánea. Feminismo, comunitarismo y postmodernismo“, Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona.

Published by karlamijangos

Enfermera, apasionada de la investigación, activista social y del movimiento descolonizador en enfermería.

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