Por Tay Larrondo _Educadora de sexualidades y sanadora holística

¡Uffff! yo creería que por tener cuerpo de mujer esto iba a ser muy fácil, pero no sé por
donde empezar. La primera pregunta que me brinca a la cabeza es: ¿Qué es un cuerpo de mujer? y la respuesta es muy fácil si recurro a mi programación: un cuerpo que tiene vulva cuando es alumbrado al mundo, ¡claro! esa es la respuesta fácil y rápida, luego, crecí y descubrí en mi camino como educadora de sexualidades que existen otros cuerpos de mujer, raro ¿verdad?, pero ese no es el tema del que deseo hablar hoy, hoy deseo hablar de todo aquello que nos enferma como mujeres y de la difícil pregunta:
¿Cómo sanar un cuerpo femenino?
Las mujeres llegamos a este mundo exactamente igual que todas las personas en el
planeta, por un portal biológico mágico que se instala en el útero de una-otra mujer, esa a la que llamamos “madre” y a la que solo por darle este nombre ya la estamos orillando a un sin fin de enfermedades (quiero aclarar que enfermedad para mi significa “ desequilibrio”); primero nos alimentamos de todos sus recursos para poder crecer, desarrollarnos y ser aptos para la vida, luego requerimos de esos recursos para adquirir, por medio de la lactancia, los anticuerpos que harán que nuestro cuerpo pueda defenderse de los… no sé… supongamos miles de bichos extraños con los que hay que lidiar para no morir por enfermedad, ¿ya ven?, cada vez se pone más complicado. Llegamos a este planeta siempre requiriendo de otro cuerpo para sobrevivir, desarrollarnos y crecer.
Me pregunto, ¿Cómo esperan que cada una de nosotras no sintamos desequilibrio en nuestra energía al sostener OTRA VIDA dentro de nosotras?; quien ha sido madre sabe por experiencia propia lo impresionante que es despertar un día y darte cuenta de que el poco control que habías logrado sobre tu cuerpo (claro si tuviste tiempo de crecer y poder ubicarte ligeramente en tu vida) desaparece de un día para otro. Te arde el estómago, tienes nauseas, pierdes peso o lo ganas, te mareas, presentas incapacidad para retener alimentos, una tortura, ¡vaya! Y después ese incomodo momento en que asumes que estas siendo invitada a formar parte de una experiencia única (que solo la mitad de la población podrá experimentar), ¡serás madre! eres una maquina increíble y digo invitada pues deseo creer que hoy en pleno 2021 ya nadie se molesta si una mujer decide sobre su cuerpo, su tiempo, sus proyectos, su vida y su decisión de ser madre y cuidar de otra vida indefinidamente.
Pero esperen ya me brinque un montón de momentos donde cada una de nosotras,
personas con vulva, encontramos espacio para gestar enfermedad, sentirnos inadecuadas e iniciar el recorrido de la vida desequilibradas.
Hagamos una pequeña lista:
-Género. Este se construye, sí, y desde la llegada de un cuerpo femenino se arma un kit para el bienestar social, las niñas vestirán de rosa, serán dulces e indefensas y cuidarán de todos. ¡TODOS! Les damos cocinitas y una pequeña escoba para que puedan practicar para ser amas de casa (trabajo no remunerado). Les pedimos que no sean “chivas locas”, pues un cuerpo lleno de cicatrices de sus aventuras las hará menos atractivas para ese otro que ya esta destinado a beneficiarse de toda persona llamada MUJER.
-No les hablen de su cuerpa; no les hablen de su ciclicidad; No les hablen de cómo los bebes llegan dentro de su útero, de su deseo o su derecho al placer; no digan nada de sus opciones; A SU DERECHO DE DECIR NO A OTRO CUERPO CON PENE.
-Les informamos que las mujeres son competencia y que no pueden confiar en ninguna otra, a veces ni siquiera en su madre, su hermana, la suegra y así van creándose las distancias y las diferencias sin sentido que nos aíslan y nos dejan vulnerables a la violencia, al hastió, a la soledad…
Es triste… yo creía que en este siglo eso ya no pasaba, creía que por ser una chica de ciudad eso no me sucedería, creía que por ser universitaria nadie me manipularía, creía que por ser feminista podía detectar con facilidad los abusos y los micromachismos, creía que las mujeres ya no morían de parto o que por parir en un hospital privado no sería presa de la violencia obstétrica, creía que solo en el pueblo, allá en Guanajuato donde pasaba mis veranos o en Huixtla donde creció mi padre, era donde las mujeres padecían. Yo, chica de ciudad, no sufriría y la vida me mostro en cuantas cosas estaba
equivocada. Crecí envuelta en amor por los cuerpos femeninos y masculinos que me rodeaban, pero al llegar a la adolescencia las historias de otras comienzan a filtrarse en las venas y fluyen en tu sangre perdiéndose la distancia, borrándose el conocimiento de si son tuyas o de alguna otra. Escuchas de golpes, de hombres frustrados y enfurecidos que ejercen su “poder” sobre todos los que los rodean, escuchas de abusos a las cuerpas femeninas y su uso por los otros cercanos que deberían de brindar cuidado y protección, vives el acoso de tus pares y de los extraños.
Tu participación en casa se vuelve más activa, servir y cuidar de los otros se convierte en tu obligación. Tu cuerpo se adapta a los estándares de deseable y te transforma en presa, o no te adaptas y eres blanco de burla y caes en la espiral de odio a tu cuerpa… a ti misma. Dependerá de donde naciste; de lo que tus progenitores piensen, tal vez te brinden la oportunidad, no el derecho, la oportunidad de continuar con tus estudios, porqué ¿Para que requiere una mujer que será madre y esposa tener estudios universitarios? La lista podría continuar por horas y horas, pero para ninguna persona es desconocido todo lo que aquí escribo. Mejor iniciemos:
¿Cómo se sana el cuerpo femenino?
Pues con mucho dolor, el primer paso siempre es una crisis y el caos total, algunas veces ya se es madre y el firme deseo de bienestar para esos seres que una pario es la motivación, otras, será la profunda desesperación de no desear vivir ni un momento mas que aparece sin ningún sentido pues se tiene todo aquello que se debe tener como mujer.
Luego viene un proceso que puede sentirse como un mazo aplastando todos los sin sentido que se han vivido y que a algunas les puede durar unos meses y a otras años, muchos años; una se atreve a pedir ayuda, a hablar con la vecina, con la madre, la hermana, la terapeuta de la escuela de los hijos, la señora de la verdura y transitamos el primer paso: LAS MUJERES SOMOS ALIADAS, SOMOS RED, SOMOS AIRE FRESCO. Así inicia el camino a sanar el cuerpo femenino, la fuerza vital de lo que
nos despojan al inicio de nuestras vidas.
El segundo paso siempre se entreteje con el primero y se llama EMPODERAMIENTO;
Y claro aquí regresamos al principio pues es muy difícil explicar de forma sencilla lo que significa, es por definición: NOMBRE MASCULINO, ADQUISICION DE PODER E INDEPENDENCIA POR PARTE DE UN GRUPO SOCIAL DESFAVORECIDO PARA MEJORAR SU SITUACION.
¿Y cómo realiza este proceso de adquisición una mujer que no tiene poder ni sobre su cuerpo?
Es interesante primero notar que para adquirir algo se requiere tener con que pagar esa adquisición, después de adquirirlo saber gestionarlo y lo mas complicado crear estrategias para conservarlo. Así entramos en la pregunta a cada mujer ¿qué sabes hacer? Y todas, absolutamente todas están llenas de conocimiento, continuamos con la planeación de como poner a trabajar esos conocimientos a favor de su bienestar, en este camino encontraremos muchas murallas que brincar, puertas por abrir y sueños que reconstruir para avanzar al siguiente paso.
Las cuerpas de mujer, empoderamos el comadreo, reivindicamos los remedios de la abuela, tejemos redes de cuidado para nuestros hijos, creamos redes de mercadeo para nuestros productos y servicios, aprendemos nuevas herramientas: carreras universitarias, oficios nuevos, terapias, herbolaria, costura, canto y seguimos readquiriendo nuestro poder para caminar y construir un mundo nuevo, nuevas relaciones, transformamos el dolor en amor y cuidamos, nos cuidamos y cuidamos de otros por elección y llenamos nuestro poder de conocimientos y relaciones para
gestionarlo, para conservarlo. nos movemos de ciudades, de pueblos, de comunidades, nos quedamos también y movemos a otras para hacernos fuertes juntas.
¿Cómo sanamos el cuerpo femenino? lo sanamos con conciencia, lo sanamos reaprendiéndonos, validando nuestros sueños y nuestros deseos, habitando nuestros espacios y retomando otros para compartir, caminamos descalzas, abrazamos arboles y nos bañamos con flores, prendemos inciensos, sahumamos la casa, danzamos en nuestros patios y nos llenamos de plantas, sembramos jitomates y fresas, cosechamos nuestros alimentos, tejemos trenzas en los cabellos de nuestras amigas, sanamos haciendo pequeñas cosas, que sumando se hacen gigantes y siguen rodando para
estar disponibles para quien las requiera.
vamos a la montaña y aprendemos de las mujeres que ahí viven, de ellas, de su herbolaria, su arte, su sororidad y les compartimos todo aquello, poco o mucho que nosotras aprendimos en la ciudad. Las mujeres sanamos acompañando los pasos de otras mujeres, dejando fluir sus historias por nuestra cuerpa sintiéndolas como propias y compartiendo las nuestras, mejorando nuestras relaciones, aprendiendo a ser honestas, vaciando los secretos y dándoles alas para que vuelen y nos seamos libres, sanamos por la palabra, sanamos en la acción, sanamos el cuerpo femenino siendo
mujeres.
Texto elaborado por Tay Larrondo para el Ciber_Conversatorio Enfermer@ “Sanando el Cuerpo Femenino”


