Por: Aquino López Ricardo; Morato Carrillo Edgar Esteban; Pérez Rivera María Fernanda; Pineda Flores María Concepción; Rojas Mijangos Shunashi Nefertari. Estudiantes del cuarto semestre de la Licenciatura de Médico Cirujano y Partero. Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía. IPN.

Introducción
Una historia de vida es un relato personal sobre la propia existencia. En otras palabras, se trata del testimonio que ofrece un individuo en relación con sus vivencias personales. Este tipo de relatos pueden hacerse por escrito o de forma oral. Conocer la historia de vida, a través de un relato biográfico, sobre un acontecimiento en particular de las personas, es imprescindible para poder proporcionar una atención integral, holística, centrada en la persona y con pertinencia cultural y social.
El presente texto narra un relato sobre vida de la señora Adelita Fuentes Vásquez, enfermera por profesión y mujer medicina por los conocimientos y usos de la medicina tradicional de las comunidades de la sierra sur e istmo de Oaxaca.
A través de sus palabras, nos permitirá conocer, comprender y aprender los diversos conocimientos y técnicas que se practican en su comunidad, al igual que la adaptación de nuevos conceptos e ideas a su cultura del cuidado de la salud, generando un intercambio e interacción de saberes y conocimientos, mejorando así las diversas estructuras sociales para resolver las necesidades presentadas en su localidad, lo que a su vez, brindará las bases para asimilar y engranar parte de la cosmovisión del proceso salud enfermedad desde distintas tradiciones del conocimiento .
Este texto se enmarca como un producto de la materia de antropología médica.

Historia de vida
La señora Adelita Fuentes Vásquez es Enfermera de vocación y partera por convicción. Ella nació en el estado de Aguascalientes el 20 de Junio de 1954, sin embargo, nunca habitó en este Estado, debido a que su padre ejercía el oficio de ferrocarrilero, por ende, su familia siempre andaban migrando entre las ciudades de México. En este sentido, ella habitaba junto con su madre, padre y hermanxs en las denominadas cuadrillas que se asentaban en las estaciones de trenes de las grandes ciudades, por consiguiente, su domicilio se instalaba en los vagones del tren.
Es así que, Adelita nació en Aguascalientes, pero toda su familia era originaria de Unión Hidalgo, en el istmo de Tehuantepec Oaxaca, por tanto, después de su nacimiento, su familia se asentó en el municipio de Salina Cruz, Oaxaca, en donde vivió toda su infancia y adolescencia, hasta su etapa adulta donde migró a Miahuatlán, Oaxaca, y que justo, es donde radica actualmente.
Adelita, vivió una infancia plena, llena de amor y cariño, rodeada de 5 hermanos quienes al ser mayores cuidaban y consentían de ella. Posteriormente, al suceso de los nacimientos del resto de sus hermanas, ella se convierte en la hermana mayor. A lo que ella señala que disfrutaba mucho de cuidar de sus hermanas menores; cultivando así el amor a CUIDAR de la vida y la salud de las personas.
A la edad de trece años, durante un viaje que realizó con su padre para visitar a su hermano mayor quien radicaba en Taxco, Guerrero. Ella escuchó una conversación entre su padre y una de sus tías quien recientemente había dado a luz a un bebé. La conversación versaba sobre el hecho de que el infante producía ciertos ruidos extraños al respirar y llorar “se oía medio gangoso”, le costaba respirar y al ofrecerle la leche se bronco aspiraba. Adelita inmediatamente se ofreció a curarlo, ya que había visto y aprendido de su madre sobre cómo actuar frente a esta situación, a través de las técnicas tradicionales de su comunidad; y al ser efectiva su curación, se dio cuenta de que ella podía ayudar a las personas con su conocimiento, debido a que ella podía cuidar y restablecer la salud de las personas.
Este acontecimiento fue trascendental, porque a partir del mismo, ella sintió una fuerte orientación hacia el cuidado y protección de las personas, así fuera, a través del ejercicio del ministerio de la iglesia como reverenda, o, a través del desarrollo de la enfermería. Finalmente, Adelita se decidió por la carrera de Enfermería.
En ese momento, debido a los bajos ingresos de su padre y madre. Ella decidió irse a estudiar enfermería al Estado de Yucatán, junto con uno de sus hermanos quien era militar y ejercía su profesión en dicho territorio, por tanto, era mucho más factible para ella y sus padres el poder formarse como enfermera en dicho Estado. Ahí culminó su carrera como enfermera general, donde posteriormente debía de partir para continuar con la realización de su servicio social, el cual eligió desarrollarlo en la comunidad de Miahuatlán, Oaxaca, ubicado en la sierra sur del Estado.
Adelita narra que, al llegar a la comunidad de Miahuatlán, los responsables del hospital rural de dicha localidad constituyeron un equipo de salud compuesto por un sociólogo, un antropólogo, dentistas, pasantes de enfermería y medicina y un veterinario, además del médico responsable del grupo. Al encontrarse integrada su brigada, ellos iniciaron la planeación para poder integrarse a las comunidades pertenecientes al Municipio. Uno de los roles que ella siguió, se conformó por la gestión de vacunación, aplicación de encuestas y el intercambio y aprendizaje de conocimientos de herbolaria y partería junto con parteras de las comunidades indígenas.
Adelita cuenta que al principio las personas de la localidad se encontraban un poco renuentes a ser tratados por personal externo, y por demás, por prácticas alopáticas. Ella nos comparte, que por más esfuerzos del equipo, las personas no acudían al centro de salud, hasta que Adelita en compañía del resto del personal comenzaron a acudir a las casas de las personas, principalmente, para asistir a las parteras durante la atención a mujeres en trabajo de parto. Este suceso dio paso al diálogo y al intercambio de conocimientos, obteniendo como resultado la aceptación de la esterilización de materiales que usaban las parteras por parte del sector salud, así como la capacitación de las mismas para poder entrar a quirófano; obteniendo así, una integración holística en la atención a la salud.
En dicho lugar, las personas le comentaban a Adelita que el pueblo era un sitio muy conflictivo llegando a ser peligroso, a tal grado de perder la vida. A este respecto, Adelita narra sobre una ocasión donde al finalizar un partido de fútbol llegó un hombre exigiendo el servicio, inclusive amenazando de muerte al personal de salud, en contraparte, Adelita lo confrontó, señalando que él debía de esperar para ser valorado y atendido, además de pedirle que dejara de apuntar con la pistola, ya que si ella moría nadie iba a poder atenderlo. Adelita, refiere que a pasos lentos pero seguros, se fueron ganando el respeto de la gente; labor que requirió de trabajo y disponibilidad para aceptar otros saberes. Al final lo lograron trabajando en equipo.
Otro de los retos que se presentaron a Adelita y a todo el equipo de salud, era el desabasto de material, por lo que debían de aplicar ciertas estrategias y conocimientos para actuar con responsabilidad y justicia. Adelita, nos cuenta que en una ocasión tuvieron que asistir a un hombre con quemaduras graves, y al llegar al pueblo en donde se encontraba la persona, se percataron que el hombre estaba envuelto “como tamal” con hojas de plátano, pensando que era un procedimiento poco ortodoxo lo limpiaron con solución estéril, cambiando las hojas de plátano por compresas furacinadas. Inmediatamente el paciente comenzó a quejarse, y al no tener más compresas tuvieron que limpiar y desinfectar las hojas de plátano, convirtiendo a éstas en el material principal para el manejo del paciente. Ella cuenta que, posteriormente, al tener al paciente estable, ellos observaron que el paciente no había desarrollado ampollas, características típicas de las quemaduras graves; atribuyendo este resultado al uso de las hojas de plátano.
Algunos otros de los conocimientos que adquirió Adelita fue la atención de los partos, por medio de técnicas y procedimientos tradicionales. Así mismo, ella nos hablaba de conocimientos, no sólo procedimentales, sino culturales y de sentido de vida y pertenencia a la comunidad, tales como la observación de la placenta y los cotiledones para predecir el número de hijos que debía tener dicha mujer. Cuenta que también no es necesario el uso de instrumentos o maniobras para limpiar el útero después de un parto, ya que con té o infusiones herbales se puede realizar.
“Una partera es una persona valiente, aquella que desea ayudar al prójimo y que además de no tener de cierto modo un estudio validado, son personas sabias con un valor inalcanzable cuya presencia es muy grande” expresa Adelita.
Una de las cosas que pudo aprender de las parteras fue el acomodar a los niños dentro del vientre de la madre para que ellos nacieran en parto natural, aunando a su vez los conocimientos que Adelita ya poseía como enfermera, favoreciendo de tal manera un sincretismo que debería poder ser aplicado en la actualidad en el área de la salud.
Además de atender partos humanizados. Adelita atendía a bebés menores de 5 meses, y a niños mayores de 5 años, quienes presentan problemas respiratorios como amigdalitis, faringitis, tos, etcétera. Una de las prácticas es curar la amigdalitis, a través de técnicas tradicionales, refiriendo que su quirófano es su lavadero y una jícara, prefiriendo sanar a las personas de esta forma a someterlas a una extirpación de las mismas, o, al uso extremo de polifarmacia y antibioticoterapia; ya que ella comenta que, las amígdalas son una protección para el cuerpo “una cortina para el virus”.
El empleo de medicinas a base de hierbas está muy extendido en estas comunidades, por su bajo costo y disponibilidad, pero más aún por el conocimiento y la experiencia que se tienen de ellas. Las personas, utilizan estos recursos para tratar padecimientos de una forma natural y no dañina.
Adelita, nos cuenta que, en una ocasión, además de recurrir a médicos alópatas, principalmente, cuenta que al enfermarse una de sus hijas por convulsiones, ella acudió a un pediatra quien le brindó tratamiento y seguimiento, sin embargo, los síntomas no remitieron por completo. Ya posteriormente al tener un encuentro con uno de los médicos que laboraban en el Hospital Rural de Miahuatlán, él le comento que su mamá podría curar a su hija, debido a que existe una convulsión de tipo idiopática que la medicina alópata no puede abordar, pero que la medicina tradicional sí, y que justo, su madre era experta en tratar estos padecimientos.
Ella acepto acudir con la señora Ángela (+) en la comunidad de Chivela, Oaxaca, ubicada en el istmo de Tehuantepec. Ahí la señora Ángela haciendo uso de sus conocimientos y técnicas, le curo a su hija. Adelita nos comenta que su niña nunca más volvió a convulsionar, por lo que ella acudió otro par de veces con la señora para que le enseñara este arte de curar; práctica que aplicó con sus nietos y posteriormente con otros niños y adolescentes de la comunidad
Actualmente éstas prácticas de partería y prácticas curativas en Miahuatlán se han ido desvaneciendo con el paso del tiempo, sin embargo, Adelita está en la posibilidad y disposición de ayudar si le piden atender un parto o curar a un niño o adulto. Ella considera de suma importancia, seguir realizando estas prácticas de medicina tradicional mexicana, ya que pueden aportar a restaurar la salud de las personas, permitiendo de igual manera un rescate de las raíces curativas propias de la región. Finalmente, ella hace hincapié en retomar estas prácticas por parte de las nuevas generaciones del sector salud para brindar un servicio más que completo, Humano.
Conclusiones
“Hay que ver al paciente con los ojos del corazón” Adelita Fuentes.
La medicina tradicional es reconocida hoy como un recurso fundamental para la salud de millones de seres humanos, es una parte importante de la cosmovisión de los pueblos indígenas y representa el conocimiento milenario sobre la madre tierra y el uso de plantas medicinales que los indígenas han resguardado y que tiene un valor incalculable, fortaleciendo y preservando su identidad. Ya sea de forma alópata o tradicional, el atender un parto es causa de felicidad, regocijo, satisfacción, pero al mismo tiempo trae consigo una gran responsabilidad para los partícipes del acontecimiento.
La señora Adelita ha dedicado parte de su vida al cuidado de las personas, ya sea desde atender pacientes graves en un hospital hasta atender un parto en casa. Gran parte de los eventos que amablemente nos compartió, fueron fruto de años de trabajo, esfuerzo y aprendizaje encaminados a un solo objetivo: Ayudar a las personas.
A lo largo de su vida se encontró con las oportunidades que le permitieron conocer e interactuar con personas que, más que ampliar sus técnicas y conocimientos, le enseñaron una forma de vida. La medicina tradicional, y en este caso las “Técnicas de partería” por muchos años estuvieron alejadas del medio alópata, y aunque en ocasiones existían acercamientos, muy pocas veces se había logrado un intercambio cultural tan cercano como el que Adelita logró en Miahuatlán con las parteras.
Las actividades realizadas por las parteras han sido más que una actitud de trabajo, una experiencia ética, por los aspectos intangibles en que prevalecen los valores humanos. El cuidado integrador que rebasa el esquema médico-biológico hacia uno holístico, relacionado con actitudes de ternura, afecto, comprensión y de reconocimiento de las dimensiones del ser humano, de la sensibilidad para uno mismo , y que dieron pauta para descubrir que el “yo” y el “otro” estamos conectados en una perfecta sincronía para un “nosotros”, en la cual nos mantienen unidos por fuerzas existenciales y apoyo situacional, sentimientos que se generaron en la relación ayuda y confianza.
Adelita nos permitió a través de sus palabras, relatos, risas y comentarios, entender técnicas, procesos y eventos relacionados con la medicina tradicional que, aunque indudablemente son fantásticos, nos dieron la oportunidad de cuestionarnos ¿Qué queremos hacer con la medicina tradicional? desde luego es importante el hecho de tener los conocimientos de ambos tipos de cuidado, pero más importante aún, saber reconocer y aplicar cada uno de los conocimientos de manera oportuna, con tenacidad, respeto y valor para cada técnica, sin menospreciar o hacer a un lado algún tipo de proceso, por el contrario, darnos la oportunidad de indagar más y más respecto a ellos, de analizar qué es lo mejor para nuestros futuros pacientes y nunca dejar de lado la cosmovisión que cada uno de ellos tiene del mundo, pensando que cada una de las personas con las que vamos a convivir ya como médicos esperan un alivio, pero no sólo del cuerpo, sino también del alma.
Y justamente en eso, es que la medicina tradicional basa sus cuidados “ En curar cuerpo y alma del otro”, por lo cual agradecemos infinitamente el haber tenido una entrevista que nos hiciera entender ese concepto tan amplio como lo es el “sanar”.
En diversas ocasiones de la entrevista, Adelita hizo hincapié en múltiples aspectos que las futuras generaciones médicas deben retomar, mejorar o cambiar hoy en día, y aunque los tiempos en los que vivimos son complicados y hay situaciones que se plantean difíciles de retomar, nosotros podemos hacer el cambio, dándonos la oportunidad de ser más que, mejores médicos, mejores personas, apostando por conocer tanto nuestros orígenes como las verdaderas raíces de la medicina mexicana, actualizándonos a diario, pero sin olvidar el de dónde venimos y para dónde vamos, y retomando la frase acuñada por nuestra entrevistada “Hay que ver siempre al paciente con los ojos del corazón, porque ahí justo en ese momento es que sabremos el motivo del porqué estamos aquí, para ellos”

Súper bueno! Me encanto
LikeLike
Muchas gracias por tu lectura.
LikeLike