RECONSTRUYENDO LA HISTORIA: FLORENCE NIGHTINGALE Y SU PROPUESTA FEMINISTA

Por Karla Mijangos Fuentes

En el arquetipo que se desprende en imágenes y discursos sobre Florence Nightingale, hemos apuntalado sobre la versión de una mujer sumisa, cristiana y obediente a los mandatos de una sociedad victoriana. Nightingale a menudo es retratada como la enfermera angelical de la guerra de Crimea, sacrificándose para brindar la atención materna que tanto necesitan los soldados heridos y moribundos (Paige, 2005)

Sin duda, estas versiones muestran algo de lo que conformaba la biografía de esta mujer, sin embargo, Florence más que representar a un estereotipo ideal femenino cristiano, también podemos releerla como sufragista y feminista; quizás esto nos produzca un poco de resquicio, porque no podríamos pensar en la fusión del cristianismo y feminismo, empero, aunque Florence nunca se enunció a sí misma como feminista, ella coincidía y se veía fuertemente influenciada por grandes feministas de su época, como es el caso de su amiga Mary Clarkey Mohl y la gran teórica feminista Mary Wollstonecraft, quien destaca por su obra “Vindicación de los derechos de la mujer (1792)”.

No es de extrañar que Florence simpatizara con ambas feministas, debido a que su trayectoria de vida se cruzó con la llegada al trono de la Joven Alejandrina Victoria de Hannover, la cual marco una época de grandes obstáculos para las mujeres, pues fue ella quien impuso una moral aún más restrictiva y pudorosa para la mujer británica de la edad media. En este sentido, se transmitió a toda la sociedad británica, los valores puritanos, el estilo de vida doméstica disciplinada y con mandatos de género muy rígidos, es decir, esta época se convirtió en un imperativo social ineludible (Iglesias, 2019).

En este sentido, aunque la ciencia y la técnica evolucionaban a la par y a grandes pasos, el rol de la mujer seguía encapsulado en una gota de hielo, porque las mujeres de esta sociedad se preparaban toda su vida hasta la juventud para encontrar un buen prospecto para matrimoniarse con él. Asimismo, ellas debían cuidarse mucho, asear e higienizar su cuerpo para poder traer hijos sanos al mundo, que era su principal legado y función dentro de la sociedad. Tal como refiere Iglesias (2019), las mujeres de la época victoriana tenían que incursionarse en cultura general y artes para ser objetos de lucimiento de sus conyugues.

En este entender a la mujer como objeto, es donde se materializa su cuerpo como cosa de intercambio, producción, cuidado y manipulación. Aspecto que Florence Nightingale al sentirse perteneciente a esta sociedad, podía dar cuenta de esta cultura patriarcal que se consideraba como un mandato natural, pero que al mismo tiempo oscurecía la vida de las mujeres a la OCIOSIDAD, como ella le denominaba. Florence no sólo era parte de esta cultura como espectadora, sino que ella vivía en carne propia los estragos de este mundo androcéntrico cristiano.

En este tenor, Nightingale al igual que las mujeres de la Inglaterra victoriana medieval soportaron roles restrictivos socialmente sancionados por la familia y la Iglesia Anglicana. El ideal cultural del “cristianismo muscular” impregnó la sociedad y solidificó los roles de género típicos dictados por la filosofía de la esfera separada (Paige, 2005). A este respecto, las mujeres de clase alta se debían a la obediencia, a excepción de las monjas que eran las únicas mujeres que podían escribir, pensar y estudiar, porque para usar el intelecto femenino habría que renunciar a la sexualidad; binomio bastante conjugado y conjurado para las mujeres de ese siglo.

Con base en ello, se miraba que Inglaterra se convertía en una sociedad castradora, pero Florence persiguiendo el ideal de la subversión femenina y militante de las ideas de Clarkey y Wollstonecraft y de otros intelectuales como John Stuart Mill, emprendió un movimiento de activismo femenino que la liberara de ser mera consorte (Iglesias, 2019).

En ese momento Wollstonecraft argumentaba que las mujeres no eran por naturaleza inferiores a los hombres, sino que parecían serlo porque no recibían la misma educación, y que hombres y mujeres deberían ser tratados como seres racionales. Tal como vemos en este argumento, Wollstonecraft apuntaba por una racionalidad semejante, pero se pronunciaba a favor de la igualdad intersexo, es decir, que las mujeres para conseguir la igualdad deberían intentar ser como los hombres. Esto claro que pone sobre manifiesto los primeros comienzos para la construcción de una teoría feminista, la cual comienza con un discurso de la igualdad.

No obstante, se toma como referencia este acontecimiento histórico porque Florence era partidaria de estas ideas, las cuales escribe en un texto denominado “Cassandra”, dicho texto es nombrado muy escasamente dentro del mundo de la enfermería, pero sí que atiende a un movimiento de empoderamiento y emancipación de Florence como una mujer medieval subsumida a los roles de género impuestos por su madre. Es por ello que, Paige (2005) al analizar el texto de Cassandra concluye a partir de Showalter que Nightingale sufría de “matrofobia”, un miedo a su madre que, en consecuencia, le impedía confiar y entablar relaciones con otras mujeres.

Cuando leemos en profundidad la historia de vida de Nightingale, reconocemos que ella se vuelve revolucionaria y disidente por la influencia de su padre, quién era un político, militante y abolicionista de la esclavitud, el cual hacía reuniones con otros políticos e intelectuales en el interior de su casa para hablar sobre política y sociedad, que aunque no influía directamente sobre Florence para que ella participara de estas conversaciones, sí la introdujo a lo largo de su vida en la lectura de la filosofía, la literatura, los idiomas, las artes, las matemáticas y la política (Paige, 2005; Iglesias, 2019). Conocimientos que posteriormente le permitieron estar presente en las reuniones de su padre, para conversar con grandes intelectuales como el gran economista Stuart Mill, con quien aprendió que el hilo conductor de la sociedad es el factor económico.

En este sentido, Showalter refería que Florence tenía Matrofobia, porque justo su madre era la que le inculcaba la idea de ser una mujer dócil, de deberse a los mandatos masculinos, de bordar, tomar vino o leer un libro de religión o superación mientras los hombres hablaban de economía, política, ciencia y conocimiento (Iglesias, 2019). Es por ello que Florence apuntaba sobre el termino de ociosidad de las mujeres, haciendo alusión a esta descripción y conducta que veía en su madre y en todas las mujeres de clase alta de la época victoriana. Ella decía que la mujeres eran ociosas porque no usaban el intelecto, eran ociosas porque solo eran desechos de la sociedad, eran ociosas porque solo esperaban a que los hombres pensaran y dirigieran, eran ociosas porque solo obedecían los mandatos cristianos de masculinidad.

Es a través de este estándar social y religioso, donde los hombres elevaban su potencial espiritual y mostraban activamente su fe a través de la actividad física, el trabajo, el razonamiento y la inteligencia, pero, en el caso de las mujeres, éstas carecían de esa oportunidad, porque las mujeres no eran iguales a los hombres (Paige, 2005).  Es así que Florence, a través de la redacción de Cassandra, aunque fuertemente criticada por otras escritoras de ese tiempo, logra emanciparse de esas ideas que la sumergían al patriarcado cristiano de su comunidad, sin embargo, y claro está, que las críticas que ella recibe a su texto, es porque ella no logra liberarse de ese mandato masculino cristiano, sino, por el contrario, Florence apuntaba por el ejercicio activo de la mujer para intentar ser como los hombres, es por eso que, ella al terminar su texto revolucionario y liberador, decide enviarlo para revisión a hombres intelectuales, lo cual se traduce en ciertos ajustes del texto a seguir con los mandatos androcéntricos.

Quizás como menciona Paige (2005), Florence pensó que al tener la aprobación masculina era más fácil que éstos tuvieran una apertura a escuchar la voz de las mujeres. Ciertamente, el texto aunque revolucionario, sigue reproduciendo algunas ideas patriarcales y victorianas de clase y de raza, sin embargo, intenta ser un parteaguas para entender la domesticación de la mujer victoriana, la ociosidad de la mujer, las reglas rígidas y jerárquicas que la mujer del medioevo tenían que seguir en función del cristianismo, las actividades a las que tenían acceso las mujeres, así como los primeros planteamientos y reflexiones que Florece hacía con respecto a su rol como mujer, pero principalmente sobre el derecho  exigido de la mujer de clase alta a poder acceder al medio laboral, académico, científico y político.

El ensayo de Cassandra, aunque fragmentado, es decir, sin seguir una coherencia atribuida a un ensayo político, feminista, filosófico y social; aspectos por los que se criticó este texto desde el encuentro literario, también se deben a su mirada, pensamiento y carácter positivista y matemático. No obstante, este texto describe continuamente la morbosa ociosidad por falta de vocación a la que se enfrentan las mujeres. Nightingale argumenta “Las mujeres sueñan con una gran esfera de benevolencia constante, no superficial, de actividad moral, para cuando de buena gana recibir formación y preparación, en lugar de trabajar en la oscuridad, sin saber ni registrando si sus pasos conducen, ya sea más lejos o más cerca del objetivo” (Paige, 2005, p.5).

Florence continúa diciendo “como resultado de haber sido excluidas de este ámbito vocacional, las mujeres se pierden en la ensoñación: Es la falta de interés en nuestra vida lo que la produce; colmando esa falta de interés en nuestra vida, solo nosotras podemos remediarla. […] ¿Cómo obtener el interés que la sociedad declara que no quiere y nosotras no podemos querer? La vida de las mujeres se reduce a meros sueños de la realidad, un débil sustituto de la participación activa en el empleo y la productividad reales” (Paige, 2005, p.7). Aquí, Nightingale afirma explícitamente que las mujeres necesitan dirección, competencia, compartir el poder intelectual y el tiempo, para instaurarse al mundo laboral.

En esta dirección, se puede decir que Nightingale siempre fue una sufragista y revolucionaria del pensamiento de la mujer victoriana de clase alta, a las cuales describía como ociosas por no poseer el direccionamiento para emplear todo su intelecto, porque ella creía que la mujer desechaba y desperdiciaba toda su energía en la que podía pensar y construir, al estar hundida en el campo doméstico. Así ella señalaba lo siguiente: “La energía, desempleada y despreciada, se convierte en un parásito dentro de sus propios cuerpos. Debido a que las mujeres no pueden utilizar productivamente su energía mientras están atrapadas en la esfera doméstica, no pueden intentar definirse a sí mismas en términos del principio cristiano popular y, por lo tanto, la ociosidad de las mujeres plantea cuestiones de importancia tanto social como religiosa” (Paige, 2005, p.9)

En el texto de Cassandra, a partir del cual ella se libera de un pensamiento que guardaba y sentía corporalmente en su investimento de mujer británica de clase alta. Nightingale imaginaba y deseaba un mundo en el que las mujeres de esta sociedad y clase pudieran disfrutar de una vocación productiva y moral, empero, como ya se mencionó previamente ella no podía desprenderse de este imaginario sobre los ideales de la hombría cristiana, sobre los cuales deseaba que las mujeres pudieran reconstruirse en el mundo laboral y productivo (Paige, 2005).

Incluso ella en un tono irrisorio señalaba que sería muy gracioso que la sociedad pudiera cambiar los papeles entre hombres y mujeres, para reconocer cuán tontas eran las expectativas de la sociedad sobre la vida de las mujeres. Al respecto, ella describía “Pero supongamos que por la mañana viéramos a varios hombres sentados alrededor de una mesa en el salón, mirando grabados, haciendo peinados. trabajar, y leer libritos, ¡cómo nos reiríamos! […] Ahora bien, ¿por qué es más ridículo para un hombre que para una mujer hacer un trabajo de estambre y conducir todos los días en el carruaje?” (Paige, 2005, p.11).

 Con base en todas estas reflexiones y cuestionamientos que Florence se hacía constantemente, es que las diversas investigaciones historiográficas sobre Nightingale, reconocen que su trabajo en la guerra de Crimea no representaba un sacrificio, más bien era una transgresión a la imagen de la mujer de clase alta de la época victoriana, así mismo, se configuraba  como la liberación de una mujer que vivía bajo el yugo del patriarcado británico y de los confines claustrofóbicos de la vida de clase alta de su sociedad. Así, Florence antes de emprender el camino a Crimea y terminando de relatar a Cassandra, le escribió a su padre dejando las siguientes palabras “He tomado posesión de mí misma” (Showalter, 1852, p.319, en Paige, 2005).  

En este entramado, se observa que Cassandra se creó como un movimiento literario y revolucionario de la literatura feminista, porque ella a partir de su confinamiento en la esfera doméstica de la familia y religión, crea una conciliación sobre el fenómeno de la enfermedad sistémica de la ociosidad entre las mujeres privilegiadas partiendo de sus posturas teológicas y atmósfera patriarcal de familia. Es interesante este planteamiento de Nightingale, porque ella hace uso de los fundamentos cristianos, al igual que Wollstonecraft, para señalar que Dios heredó a la mujer poderes en semejanza con el hombre, por consiguiente, ella refería que las mujeres no podían desaprovechar esos rasgos divinos otorgados por un Dios; un discurso que se puede leer como teocrático, pero también como propuesta detractora del cristianismo muscular, o la venida de una mujer mesías como la salvadora de este nuevo mundo.

Sin embargo, en toda esta construcción de Cassandra, Katherine, una intelectual con la que compartía afinidad afirma que Nightingale se vio atrapada en un “doble vínculo”, porque por un lado buscaba la liberación de la mujer a través dela crítica social del privilegio masculino, empero, por otro lado, deseaba la probación discursiva del texto a partir de la misma certeza del hombre (Paige, 2005). Desde esta disyuntiva, Nightingale arraigada a su momento histórico y biográfico buscaba hacer consientes a los hombres a partir de la aprobación de los mismos, sin embargo, los lectores masculinos no siempre doblegaban sus poderes de género para darle acceso a las mujeres al campo del conocimiento. Al final, Snyder apuntaba que Nightingale apagaba la voz de una escritora y mujer para congraciarse y corresponderse con los lectores masculinos y cristianos (Paige, 2005).

No obstante, hay que entender a Nightingale en su contexto y época, para apremiar que esta alineación con la autoridad masculina, de la cual se consideraba crítica, le permitió acercarse al mundo científico y político para la reformulación de reformas en salud, las cuales no siempre beneficiaron a todas las sociedades, empero, se puede valorar su apuesta científica en la vigilancia epidemiológica y reformulación estadística de las epidemias, así como una propuesta de poesía feminista subversiva.

Ahora volvemos a la pregunta sobre ¿sí Nightingale y su texto eran feministas? Al Respecto Pugh (en Paige, 2005), refería que Cassandra fue un grito de libertad y tiempo para invitar a las mujeres y proponer a los hombres en pensar en la ociosidad de las mujeres privilegiadas, así como en el trabajo útil y en el control de sus propias vidas. Sin embargo, como señalaba Pugh, en el texto no se leía un discurso de preocupación por el voto o derechos de propiedad de las mujeres, ni la igualdad jurídica. Así, tampoco se podía mirar en el texto, que Nightingale analizara en el trabajo de las artes femeninas una acción emancipadora de las mujeres de clase alta, o percibir la colonialidad del cristianismo en el pensamiento feminizado de las mujeres victorianas.

Así, llegamos hasta el cruce de cómo Florence tejió la enfermería basada en esta historia de vida patriarcal. Ella parte del imaginario que hombres y mujeres debían tener expectativas similares, donde tanto hombres como mujeres tenían que cumplir con sus VOCACIONES MORALES (Paige, 2005). Aquí es donde vemos que la enfermería partiría de ser una profesión moral cristiana, haciendo un llamado de Dios a ser un salvador. En este entendido de la enfermería como un llamado divino, se atribuye el concepto del sufrimiento del cuerpo físico como un papel fundamental y moral de la enfermera en el alivio del dolor físico y la salvación de los cuerpos. En este tenor, el auto sufrimiento pasa a ser más que característica, un atributo que debían compartir todas las mujeres que desearan ser enfermeras.

A partir de esta idea, ella citaba el himno popular denominado “El hijo de Dios va a la guerra” para persuadir a las mujeres para que se conviertan en enfermeras, por consiguiente, “Nightingale las obliga a seguir esta versión idealizada de Cristo como un icono del cristianismo musculoso y, al hacerlo, se unen a este campo de batalla cristiano, reclamando su propio terreno y librando una batalla espiritual” (Paige, 2005, p.15).

Paige continúa señalando “La imagen central de “El Hijo de Dios va a la guerra”, Cristo como guerrero, implica que sus seguidores encarnarían la imagen masculina de los luchadores triunfantes. El himno narra la victoria de Cristo y sus seguidores sobre el mal con la ayuda del “Maestro en el cielo” y el “Espíritu”. Sangre, dolor, mártir, peligro y trabajo ilustran el escenario devastado por la guerra y el cristianismo se convierte en sinónimo de competencia y lucha. El verso final describe a la “matrona y la criada” que llegan al final a “Regocijarse alrededor del trono del Salvador”, pero no participan en la escena inicial de la pelea. El himno sugiere claramente la exclusividad de un ideal masculino del cristianismo”

Es bien reconocido que Nightingale en su ensayo y propuesta ideológica, trata de transgredir la inactividad y ociosidad de la mujer de clase alta, empero, ella no desacredita la forma de vida masculina, por el contrario, ella apunta a un ingreso de las mujeres al mundo masculino actuando como si fueses ellos; y desde este espacio androcéntrico, las mujeres podrían reafirmar su poder intelectual y productivo del mundo laboral (Paige, 2005). Sin duda, Florence no puede catalogarse activamente dentro de un movimiento feminista, pero sí se puede señalar que el escribir un texto que atentaba contra el orden patriarcal de la sociedad victoriana, era un tanto peligroso y riesgoso, porque pone sobre la mesa de debate la discusión del rol doméstico y tradicional de la mujer, para posteriormente abrazar un espacio más masculino, de batalla y liberador, tal es el caso del espacio de la Guerra de Crimea.

Nightingale no solo entra en la esfera de la teología masculina, sino que también forma una relación de trabajo con Jowett, una que le ofrece tanto un diálogo intelectual como un lugar establecido en este ámbito de los intelectuales masculinos. Sus interacciones con Jowett son solo un ejemplo de la penetración de Nightingale en los límites de género para establecerse en espacios que tradicionalmente no estaban abiertos a las mujeres (Paige, 2005).

La profecía de Nightingale de una salvadora es la gran culminación de su manipulación de imágenes y formas masculinas y femeninas. Nightingale afirma que Cristo fue el verdadero defensor de las mujeres: “Jesucristo elevó a las mujeres por encima de la condición de simples esclavas, meros ministros de las pasiones del hombre, las elevó por su simpatía para ser ministros de Dios. Les dio actividad moral. Pero la Edad, el Mundo, la Humanidad, debe darles los medios para ejercer esta actividad moral, debe darles cultivo intelectual, esferas de acción” (Paige, 2005, p.20).

Con esta descripción, Nightingale se alinea con el hombre supremo para crear un espacio para las mujeres, como “la mujer mesías” “Su afirmación de que Cristo “resucitó” a las mujeres implica que las mujeres pueden ser “elevadas” a nuevas alturas, incluido el salvador. Simultáneamente invoca a la máxima autoridad masculina, Cristo, e imagina una nueva autoridad para las mujeres. Esta profecía de una salvadora es reiterada por el texto revolucionario de Cassandra; el texto mismo señala la fusión de las cualidades masculinas y femeninas como medio de salvación para las mujeres” (Paige, 2005, p.20).

Finalmente, podemos decir que Nightingale, aunque no se autoproclama como feminista, ella llega a trastocar las zonas fronterizas de las teorías feministas, debido a la influencia de las amistades con las que compartía conversaciones y afinidad, así como por la propia experiencia como mujer de clase alta. En este sentido, se puede agregar que las propuestas tan revolucionarias, hacen de Florence un mujer subversiva y disidente de los roles adjudicados a las mujeres de su clase, los cuales no sólo cuestiona, sino que los contradice con prácticas que ella eleva dentro del campo de la Enfermería, Política y Ciencia.

REFERENCIAS

1.- IGLESIAS, C.A. (2019). FLORENCE NIGHTINGALE. ESPAÑA: RODESA

2.- PAIGE, E. S. (2005). FLORENCE NIGHTINGALE’S CASSANDRA:
THE PROPHET’S PREDECESSORS AND DESCENDANTS. ATHENS, GEORGIA: PRESBYTERIAN COLLEGE.

Published by karlamijangos

Enfermera, apasionada de la investigación, activista social y del movimiento descolonizador en enfermería.

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