EXILIARSE DE ENFERMERÍA ¿ES VÁLIDO?

“[…] Empezar siempre de nuevo, hacer, reconstruir y no echar a perder, negarse a burocratizar la mente, entender y vivir la vida como un proceso _vivir para devenir […]”.

Freire, 1997, en Hooks Bell, 2021, p.20.

El exilio conlleva a abandonar la tierra y el patrimonio que nos vio germinar como semillas; aquel espacio suspicaz, audaz, misterioso, caluroso, heterotópico, memorable, incierto y placentero, en fin, un territorio que conoces con los ojos cerrados, con los olores que se aproximan y los sentimientos que revocan ideas fragmentadas de un pasado, presente y futuro prometedor. Y al final de todo, esa tierra habitable y pensable se convierte en un peligro, en esa maleza que acecha al propio y al extraño con igual dureza y singular acoso que termina por expulsar.

Y cuando hablamos de exilio y territorio también hacemos referencia al destierro de los territorios virtuales, es decir, de los espacios cibernéticos que al final se convierten en ese lugar que convoca y reúne afinidades e identidades. Finalmente, entendemos que el territorio también comprende a todas las comunidades emocionales, simbólicas, identitarias y profesionales, por tanto, el exilio también puede surgir desde donde nos formamos para un actuar especializado en sociedad.

En este camino del exilio, cabría preguntarnos _sí nadie nos exilia_ ¿por qué autoexiliarnos? ¿qué perseguimos con el exilio de la enfermería?

Quiero comenzar estas líneas contando mi propio exilio y el de otras personas que ya vivieron esa experiencia, o que aún están en ese proceso doloroso y necesario. Y para ello, es indispensable marcar como hito histórico y coyuntural a la pandemia por COVID-19, porque a partir de esta crisis epidemiológica pudimos conocer la crisis ambiental, la crisis social, la crisis de la salud, la crisis humana y la crisis ideológica y/oepistemológica, por hacer algunas precisiones.

Fue durante la pandemia que nos repensamos en una humanidad sin humanxs, y en una vida que vamos avanzando sin conocer los motivos por fuera de lo productivo, del mundo del trabajo y del autoexilio corporal. Y efectivamente, el autoexilio corporal cobra vida en estos párrafos porque previamente era impensable que dentro de una profesión de salud que promociona la vida y que previene riesgos para las personas, el autoexilio corporal del profesional estuviera tan vigente en el interior de sus valores y pilares de formación.

Cabe hacer esta pausa para recuperar la definición de la Real Academia Española, quien define al exilio como la separación de una persona de la tierra en que vive, y también como el lugar en que vive el exiliado (2021). A partir de ambas definiciones podemos recuperar que la tierra o territorio desde los feminismos comunitarios también reconocen al cuerpo como territorio, por consiguiente, es posible que nuestros pensamientos e ideas colonizadas nos autoexilien del cuerpo-territorio y, es entonces, que el propio cuerpo ocupa un espacio por fuera de nosotrxs, un lugar donde se encuentra con lxs exiliadxs y despojadxs de todo derecho y naturaleza humana.  

En este sentido y abrazando la idea del repensarnos como humanos, recuperamos la reflexión sobre la enfermería como ese motivo político que nos llevó al autoexilio corporal, por tanto, fue la COVID-19 que develó nuestras más ocultas vulnerabilidades como sujetas profesionales, así, desnudó nuestras precariedades, nuestras posiciones y/o privilegios dentro de la estructura y nuestras redes de neuronas alienadas a la heteronorma, la hegemonía, el paternalismo, el patriarcado, el capacitismo, el conservadurismo y la ética utilitarista.

Desde esta perspectiva, la pandemia ocasionó el efecto transgresor de nuestro autoexilio como dijera Bell Hooks porque interpeló con las dinámicas y prácticas regidas por la “norma”, por lo permitido, no obstante, atravesó por la porosidad de nuestras emociones porque transpiró el sufrimiento interno de nuestros cuerpos exiliados (Rojas_Marilú, 2022).

Así, mientras en el año 2020 cuando la pandemia provocaba temores, tragedias y pasos en falso, mi corporalidad practicaba la alquimia para transformar el dolor y la violencia sistémica en un ejercicio de subversión desde lo ontoepistemológico (Rojas_Marilú, 2022). Es decir, el propio proceso de la tesis doctoral me hizo reconocer mi autoexilio, ese destierro de mis emociones, del autocuidado y del ser en todo su esplendor; ese despertar de la conciencia fue liberador al mismo tiempo que doloroso, porque di cuenta de un cuerpo despojado del alma y del espíritu, por tanto, un cuerpo que contiene una estructura y funcionamiento capitalista y deshumanizado.

Se complica traducir estas palabras en conceptos operacionalizantes, sin embargo, las emociones se derrumbaban por el autoexilio derivado de la metástasis profesional que comenzó con la formación y seguía avanzando con el cerebro, los tejidos externos y los órganos internos, y como todo cáncer, mirando un final pronosticado.

El desarrollo de la tesis fue el citotóxico que irrumpió y transgredió el avanzar fluido de aquel mal. Con ello, no quiero afirmar que toda la profesión en su desarrollo sea el cáncer que llega a tu cuerpo, empero, las estructuras elementales que configuran a la profesión poseen un grado de malignidad dado desde lo ontológico (el valor y concepto asignado a la profesión y al profesional), lo epistemológico (las lógicas y dimensiones que articulan nuestra forma de aprender y construir conocimiento para sí mismo y el mundo), lo metodológico (los procesos y métodos que se usan para interpretar verdades, que al final es epistémico).

Es aquí donde la inflexión aparece, porque al igual que la Pachamama, ves a una enfermería que reproduce el cuidado de la vida, alimenta el espíritu de las almas y promueve la justicia en la salud de las poblaciones, empero, es vista como objeto funcional del sistema, por tanto, los elementos axiológicos e ideológicos que se transmiten no son otros, que los que hacen a ese instrumento funcionar a partir de las estructuras que le instalas y adecúas, porque el “común” no es el bien vivir, la ética solidaria ni los derechos diversos pero justos.

Y justo ahora me apropio del término de doloridad que Vilma Piedade (2022) creó, porque como ella misma afirma, la sororidad une y hermana pero no alcanza para las mujeres prietas, y en este caso afirmamos, no alcanza para las mujeres que vivimos en el interior del sistema sanitario, por ende, la doloridad se une a la historia de las mujeres brujas, parteras y sanadoras y al dolor causado por el racismo médico y social que impide la movilidad social, política y epistémica de las enfermeras.

La doloridad lleva en su significado el dolor provocado por el patriarcado, las pedagogías crueles, el racismo, la desigualdad profesional y social, el clasismo y el eurocentrismo inalcanzable desde lo que invoca y desemboca con fluidez. Y es aquí donde el exilio, la fluidez y el equilibrio bordean el desplazamiento epistemológico para sobrevivir.

Como refiere Sylvia Marcos (en Rojas_Marilú, 2022), la exigencia del equilibrio se hace puntual pues para que éste exista debe darse el dinamismo y el flujo, por consiguiente, el equilibrio no se alcanza inamovible y siendo resiliente sino en permanente desplazamiento. Al respecto, Marilú Rojas (2022) refiere que la fluidez está ligada a la erótica, la cual define como esa fuerza interior y política que cada ser vivo posee y que puede traducirse como el espíritu que busca el bien común y la armonía democrática entre todos los seres de la tierra.

Así, la erótica que se irradia desde adentro expande la fuerza de resistencia subversiva que se oponen a los sistemas dominantes y violentos condicionados por los mandatos de género y la verticalidad de las instituciones y en los saberes. Y para lograr este equilibrio fluido, el exilio físico o epistémico se hace prudente para hacer del exiliado/a un retorno a la patria más consciente, amoroso y fluido.

Desde este pensamiento mesoamericano que comprende a nuestros pueblos ancestrales, se dice que las mujeres y hombres permanecemos en constantes tiempos de exilio, es decir, tiempos de subversión.

A este respecto, Marilú Rojas (2022) refiere “Desde mi punto de vista el exilio es un ejercicio de subversión y el derecho de autoexilio es una manera de salir de las formas de violencia de las instituciones que se supone que debieran amarnos, aceptarnos, y respetarnos manteniendo con nosotras relaciones de equidad de género, pero como no es así, pues las mujeres, las personas sexualmente diversas, y algunas otras personas que nos hemos convertido en indeseables por las instituciones hemos optado vivir en el exilio.”

A partir de esta idea, recupero mi autoexilio de la profesión no como un abandonar, sino como un entierro para germinar y producir nuevos frutos y formas de acodo o amorgonamiento; como este método artificial vegetal que consiste en hacer posible la aparición de raíces por medio del calor, de la humedad, de la tierra preparada y de incisiones o ligaduras en las ramas acodadas, formando así nuevos individuos.

El exilio que viví y aún sigo trabajando para devolverme constantemente a la enfermería, cree en una divinidad dinámica y subversiva, en un espíritu que se aleja de las estructuras encorsetadas de las instituciones patriarcales _como refiere Marilú Rojas (2022). Vivimos en un tiempo en que la tolerancia crítica ha desplazado al autosacrificio, a la cuestión de la vocación como arte de dominación patriarcal, la uniformidad como práctica de exclusión y desigualdad, el militarismo como forma de control y al pensamiento teocrático como la estrategia del vigilante y verdugo.

En este sentido, se habla de aceptar una tolerancia condescendiente que abraza la empatía empero no se desancla de la justicia, la reciprocidad, la casa común y la ecoerosofía, éste último es definido por Marilú (2022) como esa fuerza política callejera que se posiciona como un eje profético de subversión y denuncia de los sistemas patriarcales, etnocidas, epistemicidas, antropocidas, porque la tolerancia no puede comprender un siempre recibir y poner la mejilla para que el otro te golpee, o mejor dicho, la tolerancia no puede ser una resiliencia constante.

Cabe mencionar que en el lugar del exilio, me encontré con otrxs exiliadxs, con otrxs hermanxs que vivían sus propios desplazamientos, por ende, en colectivo planteábamos una repatriación que nos descolocará desde lo ontológico y epistemológico en lugares de volver a “ser”, en lugares disidentes y descolonizados, en espacios donde la enfermería está más allá de la Ciencia y el Arte, allá donde la enfermería es un alguien.

En los últimos años de la vida, me he convertido en el espacio de las exiliadas, de aquellxs que se alejan y regresan con el poder político recuperado, con la erótica de subversión y transformación, así, me he transformado en una especie de mayéutica que coloca a lxs enfermerxs en un lugar no pensado y planeado, porque el acto del autoexilio también es político.

Finalmente, quiero culminar este texto señalando que los días 12 de mayo se vale felicitar, conmemorar, reconocer y festejar, no obstante, la invitación queda abierta para la reflexión, la discusión, el análisis y la planeación de nuestros caminos emancipatorios, porque no podemos hablar de una emancipación y empoderamiento cuando es la misma cuna de creación la que nos injerta sobre una forma de constitución y germinación.

“Si el exilio es un recorrido iniciático, es también un ejercicio que pone a prueba nuestra autenticidad: es el abandono de las ilusiones, las utopías, las apariencias, para alcanzar cierta lucidez y aprender a distinguir lo bueno de lo malo, rechazando la falsa tolerancia, que permite una aparente paz interior, por la auténtica tolerancia, que exige la inmersión en lo universal (…) El exilio impuesto ha llegado a ser para mí un exilio voluntario en busca del tiempo perdido y de una resurrección espiritual. Aceptarlo supone en parte volver al menos a uno mismo.”

Bujor Nedelcovici, escritor, ensayista y guionista rumano, El Correo de la UNESCO, 1996-10, Rojas Marilú, 2022.

REFERENCIAS:

  • Bell, Hooks. (2021). Enseñar a transgredir. Madrid: Capitán Swing.
  • Rojas, Salvador; García, Jairo y Alarcón, Melva. (S/F). Propagación Asexual de Plants. Google Libros: Corpoica,  p.26.
  • Piedade, Vilma. (2022). Doloridad. Brasil: Mandacaru.
  • Real Academia Española (2021). Definición de exilio. Madrid: RAE.
  • Rojas, Marilú. (2022). Ero-eco-sofía: la fuerza y el coraje profético feminista como alquimia de los movimientos callejeros. Ephata, 4 (2): 133-48.

Published by karlamijangos

Enfermera, apasionada de la investigación, activista social y del movimiento descolonizador en enfermería.

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