
Se parte de la premisa que el concepto de tecnocracia no es “moderno”_ si se le quiere denominar de alguna forma radical_; tal y como afirma Habermas (2001), el poder otorgado a la ciencia y tecnología comenzó a generarse de una forma somera, en el siglo XVII, etapa también denominada como Renacentismo; y justo es el periodo que aportó las bases para lo que hoy constituye un dominio del poder capitalista.
Es interesante poder conocer los orígenes griegos de la palabras “techne” (técnica) y “episteme” (ciencia) que hacían referencia a aquellas cosas que traen adelantos, progresos, avances (Téllez, 2014). Porque a partir de estos significados, es que se puede comprender las transformaciones que han tenido dichos conceptos en el mundo de la ciencia y de la sociedad.
En una explicación más amplia, la tecnocracia, cobró sentido desde que Claude Henri de Saint Simon (1760-1825), inventara el concepto de industrialización; este concepto desde la visión de Simon connotaba un progreso para la sociedad, empero, él imaginaba que dicho concepto subyugaría las consecuencias que trajo en ese entonces a la sociedad la revolución industrial. Por tanto, la industrialización traería consigo una reorganización total de la sociedad.
Desde que se creó el concepto de industrialización, no fue hasta 1802, cuando se vieron las primeras consecuencias de tal movimiento, la tecnología había avanzado en demasía, consiguiendo así, un avance en el desarrollo industrial, tal y como se lo imaginó Saint Simon. No obstante, la industrialización también produjo una reducción en la mano de obra humana; y al mismo tiempo, la clase dirigente se volvió ociosa. En una posición, un tanto, idealista y presuntuosa de crear una nueva élite industrial, Simon soñaba con tener un consejo Newtoniano, conformado por científicos, matemáticos, físicos, economistas, etc., por ello él afirmaba..
“Un científico, mis amigos, es un hombre que predice. Y es porque la Ciencia le provee los medios para hacer predicciones que son útiles, y es por eso que los científicos son superiores a cualquier hombre” (Téllez, 2014 a partir de Saint Simon, 1760).
A partir de estos acontecimientos, Habermas considera que son 3 los fenómenos de mayor trascendencia en el siglo XX: 1) el desarrollo demográfico, 2) los cambios en el mundo del trabajo y su productividad, y 3) el progreso científico y tecnológico. Hablando específicamente del último punto, él considera que la tecnología y la ciencia serán las bases del dominio del hombre sobre la naturaleza, convirtiendo así, a la tecnología y la ciencia en un fin o razón instrumental, mismo que se aleja de los objetivos finales de la acción humana, transformando la ciencia y la tecnología en una ideología, instaurada en los principios del capitalismo (Habermas, 2001).
La tecnocracia de acuerdo a los textos de Tecnocracy Inc…
“Es la Ciencia aplicada al orden social. La Ciencia se ocupa de determinar la realidad más probable en cualquier campo de conocimiento, sea química, ingeniería, o fenómenos sociales. La tecnocracia entonces, se ocupa de la determinación de la realidad más probable en el campo de la ciencia social, es decir, la determinación de su estado más probable. Tiene que ver primariamente, con esa parte del mecanismo social relacionado con la producción y distribución de bienes y servicios, pero tiene implicaciones de mayor alcance aún” (Téllez, 2014 a partir de Tecnocracy Inc., 1975: 5).
En esta connotación trasladada desde la administración pública, la política y la economía, se segrega la ideología burócrata, abordando entre su definición los conceptos traídos desde el Marxismo sobre los modos y tipos de producción capitalista. Al respecto, se puede preponderar la razón instrumentada de la tecnología y ciencia como una forma de dominio y poder.
Según Fisichella, la tecnocracia..
“se refiere a un gobierno local, estatal o federal que se orienta, toma decisiones y ejecuta acciones, según un marco racional y técnico-instrumental, para el mejor aprovechamiento de los recursos humanos, materiales y económicos disponibles” (Fisichella, 1983).
Por tanto, una sociedad tecnócrata al verse sumergida en una competitividad constante en materia científico-técnica, adoptará los medios e instrumentos para sostenerse dentro de este avance tecnologizado (Fisichella, 1983).
Como afirma Aguilar…
“estamos, por así decirlo, ante una verdad de la razón práctica, de la razón vinculada a la acción […] Se trata entonces de una “razón instrumental”, de una razón como instrumento de cálculo, que pondera la proporción o desproporción entre los medios disponibles y los fines deseados y que así, […] incide como criterio clave en la decisión acerca de la acción correcta” (Aguilar, 1982: 43)
En términos más sencillos, se trata de un orden mundial donde lo que realmente domina es un sólo sistema económico (el capitalismo) que se asume moderno, globalizado, competitivo y de alto desarrollo tecnológico.
Basados en las ideas de Max Weber, se puede decir, que la tendencia de la modernidad hacia la racionalización, la complejidad, burocratización y la especialización creciente, atenta directamente contra la democracia, debido a que la selección de los dirigentes no está condicionado por la elección libre de los votantes, sino por la alta especialización y conocimiento de estos burócratas sobre la tecnología y la ciencia (Téllez, 2014 a partir de Max Weber, 1971-72).
Es por eso, que Sarah Babb señala que los tecnócratas son..
“funcionarios que forman parte de burocracias gubernamentales y cuya autoridad se basa esencialmente en […] sus credenciales como profesionales, antes que en criterios políticos de legitimidad, como pudiera ser contar con el apoyo de una mayoría electoral” (Babb, 1998:664).
Basada en estas ideas, se puede percibir claramente el rompimiento de una democracia, donde el conocimiento experto favorece los procesos técnicos y no al ideal de la democracia, versando la ideología en una racionalidad técnica, más que en una racionalidad democrática, que en términos últimos nos lleva a pensar en una realidad objetiva, que asume las propuestas técnicas y científicas para resolver los problemas sociales.
A partir de estas premisas, y guiada por los pensamientos de Lakatos, quien considera que durante el siglo XX se le dio una nueva connotación al estudio de la realidad científica. La ciencia, a través de la tecnología penetró vertiginosamente al mundo social, convirtiéndolas en principal fuente productiva e ideológica y por ende incidiendo marcadamente en el comportamiento individual y social, los criterios del desarrollo económico y el espacio natural (Lakatos,1983-1989).
Desde esta connotación se puede apreciar que la utilización del conocimiento, paso a ser sinónimo de poder humano, en este caso el saber científico, paso a ser un instrumento para el modo de producción capitalista, a través del uso de la tecnología. Es decir hubo una transición del pensamiento especulativo, al pensamiento técnico aplicado.
Esta transición paradigmática hacia un pensamiento técnico aplicado, y una racionalización instrumental de la ciencia, ha conllevado a las Ciencias de la Salud, a ver la Ciencia y la Tecnología como una ideología _en palabras de Habermas _; dicha ideología ha sido la línea que atraviesa el fundamento del modelo biomédico de la salud, mismo que permanece hasta nuestros días.
Para el modelo biomédico, la meta es la descripción minuciosa y la cuantificación de su objeto de estudio (Fraile, s/f). Este modelo biomédico surge con Hipócrates, quien consideraba a la enfermedad como un desorden de la physis humana examinada objetivamente. Esta forma de concebir la medicina, es también fruto de las tradiciones Galénicas y Galileas, que apuntaban que un conocimiento objetivo y medible del mundo es posible, y ello no incluía sólo a la tierra y a los astros, sino también a los seres humanos.
Fue a partir del renacentismo, y bajo los postulados matemáticos de Descartes, que la medicina transformo su concepción del ser humano, hasta llegar a considerar al cuerpo humano como una máquina, que puede ser analizada en términos de sus partes; tal como dice George Engel, la medicina hasta nuestros tiempos se sirve de pensar al cuerpo humano como máquina, la enfermedad como consecuencia de una avería de esta máquina, y la tarea del médico como reparador de dicha máquina, perdiendo así, el sentido humanístico (Fraile, s/f).
El punto crítico, en esta situación versa en el uso de la tecnología y la ciencia, para dominar los campos de la salud, desde luego, esa visión maquinista del cuerpo humano, no es más que la reproducción del sistema de producción dominante (capitalismo), que tiende a crear los horizontes entre los modos de producir la salud, debido a que la salud se concibe como un producto que ha de alcanzarse basado en un progreso científico-tecnológico, que traiga consigo la competitividad entre sus profesionales por ser el más eficaz y efectivo, en cuanto a procedimientos y tratamiento respecta.
Es por ello, también, que a los profesionales de la salud, les interesa más especializarse en el manejo de grandes tecnologías médicas, que actualizar su conocimiento en filosofías humanísticas. La especialización guía al profesional, a un progreso en el modo de producir, distribuir e intercambiar la salud; en tanto, una visión humanística según la concepción de los trabajadores, sólo trae retroceso del conocimiento, un marcado dominio del experto especialista que domina la tecnología y la ciencia, y por ende, un marcado salario poco retributivo a sus actividades humanísticas.
Desde una formación biologicista, como la que represento, parece imposible separar la ciencia y la tecnología, sí se quiere llegar a una “verdadera evolución” de la ciencia médica, en términos un tanto racionales y empíricos, debido a que la tecnología ha subsanado los grandes estragos y problemas de salud, nótese el ejemplo de los trasplantes orgánicos, el uso de marcapasos en personas con cardiopatías, entre otros muchos ejemplos, que puedo nombrar en este escrito.
Sin embargo, la tecnología ha creado una tecnocracia de la salud, que lejos de alcanzar el, progreso social, el bien común de Aristóteles, y la beneficencia versus maleficencia como criterio ético; sólo ha pasado a ser un instrumento de dominio y poder que materializa la salud, viendo a esta última como el fin último de todo el sistema humano, y perdiendo el sentido y significado de la persona.
Referencias bibliográficas
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- Aguilar, L., (1982). “Política y racionalidad administrativa. Instituto Nacional de la Administración Pública, Serie V”. En Teoría de la Administración Pública 3. México.
- Babb, S., (2003) Proyecto: México. Los economistas del nacionalismo al neoliberalismo. México, Fondo de Cultura Económica.
- Babb, S., (1998) “Los profesionistas en el gobierno y el problema de la tecnocracia: el caso de los economistas en México” en Estudios Sociológicos 16, núm. 48, 1998, pp. 661-688.
- Fraile, M., (s/f) “Modelo biomédico y modelo biopsicosocial, Recopilación bibliográfica”. [en línea]. disponible en https://ifdcsanluis-slu.infd.edu.ar/sitio/upload/MODELO%20BIOMEDICO%20y%20BIOPSICOSOCIAL.pdf [Accesado el 04 de septiembre de 2018]
- Fisichella, D., (1983) “Tecnocracia” en Norberto, B., Nicola, M., y Gianfranco, P., eds., Diccionario de política, 13ª edición, México, Siglo XXI Editores, 1983, pp. 1553-1555.
- Technocracy (1975) “Technocracy´s Technological Social Design” [en línea]. disponible en www.technocracy.org.ca/simp/technocracy_FAQ_1.x.htm [Accesado el 04 de septiembre de 2018].
- Téllez, C., (2014) “La construcción de la tecnocracia en León y su proyecto inacabado de participación social” en Relaciones [en línea] No. 138, 2014, pp. 209-243. disponible en ile:///C:/Users/HP/Downloads/Dialnet-LaConstruccionDeLaTecnocraciaEnLeonYSuProyectoInac-5319016.pdf [Accesado el 04 de septiembre de 2018]
- Weber, M., (1971-1972) Ensayos de Sociología Contemporánea, Ediciones Barcelona.