Florence Nightingale: una mujer de su tiempo y de su historia colonizadora

Karla Mijangos Fuentes

El año 2020 parece acaecer en la enfermería como un año que reivindica el trabajo profesional de enfermeros y enfermeras, pero por, sobre todo se hace visible esta fecha porque todo el centro de representación gira en torno al 200 aniversario del nacimiento de Florence Nightingale.

En esta línea, pareciera ser que no hay nada que cuestionar o repensar, o, quizás ya ni reflexionar, porque es claro que la dama de la lámpara marca el camino de una historia científica de la enfermería. A este respecto, para quienes no han escuchado sobre la historia de Florence, sólo se puede agregar que es la madre y fundadora de la enfermería moderna, porque, y tal vez, tampoco les interese indagar y saber más al respecto. No obstante, me atrevería a decir que no puede esperar la misma respuesta de quienes formamos parte de esta profesión, la cual no sólo llevamos impregnadas en nuestra identidad, sino también la llevamos incrustada al cuerpo y forma de ser y estar en el mundo.

En este tenor, desde hace un par de meses que he estado estudiando sobre la historia no contada y desanclada de la profesión, he encontrado momentos coyunturales que también me hacen pensar en el personaje de Florence Nightingale, pero no solo de ella en su ser como persona y enfermera, sino también pensar a Florence en su contexto, en su cultura, en su memoria y legado, que al mismo tiempo es legado de la sociedad que ella habitó y que la constituyó en su identidad como mujer y enfermera.

A este respecto, conviene señalar que Florence Nightingale fue una científica de su época que descubrió en la estadística una herramienta que le ayudo a expandir el trabajo y cientificidad de la enfermería, así mismo, no es menester hablar de las asociaciones que ella localizó entre las dimensiones ambientales y/o del contexto en función de la incidencia y prevalencia de diversas complicaciones de las infecciones. En estas investigaciones, ella demostró que la ventilación, iluminación, limpieza y demás elementos que rodean a los usuarios pueden afectar su estado de recuperación. No obstante, la pregunta hasta ahora es, podemos seguir reproduciendo la enfermería en torno a las tradiciones heredadas por Florence, o, existe algo en toda esta historia que debamos cuestionar y deconstruir.

En este sentido, y externo a estas connotaciones conceptuales y vivenciales de Nightingale, existe algo por fuera de ella que no hemos abarcado en la historia de la profesión. El carácter racista de su persona. Nos preguntaremos ahora, sí la historiografía de la enfermería no se centra en un concepto de blancura, el cual se traduce y refleja en una sola figura de enfermera blanca “Florence Nightingale”. Sin embargo, no solo se habla del carácter figurativo y simbólico de la imagen visual que ésta representa, sino también se aborda el papel que Nightingale desempeñó en la violencia colonial británica y en los brutales levantamientos anticoloniales maoríes, por ello, al recorrer sus textos, que ahora mismo, la virtualidad y tecnología han acercado a nosotros podemos encontrar la denotación y connotación de su imaginario racista y evolucionista en relación con los “denominados” por ella misma como incivilizados o semi civilizados, refiriéndose a las personas que habitaban los pueblo nativos.

Es poco conocido para algunos que Florence Nightingale ejerció el rol político durante el dominio británico, no obstante, dicha participación política figuró y contribuyó al genocidio de los pueblos originarios de África, Australia, Nueva Zelanda, entre otros (Nightingale, 1863; Stake, 2020). En este tenor, la expansión del dominio y colonización británica pudo ser posible, y a expensas, del asesoramiento de grande científicos, entre ellos Florence Nightingale quien a partir de su trabajo titulado Estadísticas sanitarias de escuelas y hospitales coloniales nativos”, logra consolidar conocimientos que justificaban científicamente una cultura de muerte sobre los indígenas.

Como refiere Stake (2020), para Nightingale la vida de los indígenas eran fruto y condición necesaria para la expansión del Imperio Británico. En este sentido, la muerte de los indígenas, pese a la brutalidad del acto, y que muchos lo reconocieron, Nightingale lo justificaba con el objetivo de insertar a la cultura británica como suprema, única y universal.

Nightingale como he mencionado un par de veces, era constructo de su propia época y cultura, por ende, ella era una firme defensora de la supremacía de la cultura cristiana blanca, por tanto, ella consideraba que los pueblos nativos eran una raza inferior que debía civilizarse bajo la cultura británica, porque además de inculturarse también alcanzarían el perdón por su herejía y salvajismo. Con base en ello, en el escrito de estadísticas sanitarias, ella concluye, basada en pruebas estadísticas, que la clase de enfermedades que se presentaba entre los nativos, eran debidas a su propia condición de raza, por ende, ésta era la causa principal del declive gradual y la desaparición de razas incivilizadas o semi civilizadas (Nightingale, 1863). A este respecto, la solución era la asimilación de estas razas y la implementación de hábitos civilizados.

Cabe mencionar que, en su reporte Nightingale consideraba que los propios hábitos de los nativos, incluyendo su cultura, tradiciones y estilos de vida, por el sólo hecho de no pertenecer a las tradiciones de una cultura británica era lo que producía una atmósfera fétida de las viviendas y otras condiciones deprimentes que se relacionaban con estas personas no civilizadas (Nightingale, 1863).

Hasta este momento es cuando cobra vida un concepto que surgió con la medicina urbana y con la época victoriana, y que me gustaría retomar: “La limpieza”. La limpieza se instituyó y legitimó bajo la teoría de los miasmas, pero se originó en su sentido de enunciación del concepto a partir del término de “pureza” o “supremacía piadosa” devenida del cristianismo.

La teoría de los miasmas fue uno de los fundamentos epistemológicos que conformaron las posturas ideológicas y simbólicas de Florence Nightingale. Esta teoría sostenía que los malos olores y la suciedad generaban enfermedades, pero no solo se hablaba de suciedad física sino moral (Stake, 2020), por tanto, cuando surge la medicina urbana, la teoría de los miasmas fue la que sostenía dicha estructuración, porque la clase alta de estas sociedades victorianas eran las que se alejaban de estos conceptos de suciedad e inmundicia, por ende, son las que debían mantenerse aisladas de la podredumbre de las ciudades, las cuales se encontraban en la pobreza y maleza, sobre todo si se hablaba de nativos (Foulcault, 1984).

En esta línea Nightingale también pensaba que las mujeres que se prostituían poseían una suciedad moral y física que les provocaba enfermedades. Tal como ella señalaba…

“Cuando obedecemos todas las leyes de Dios en cuanto a limpieza…, el resultado es la salud. Cuando desobedecemos, enfermedad ” (MacMillan, 1914, p. 120)

Por ahora dejo el hilo de este pequeño texto que pone sobre la mesa del debate, el origen y fundamento racista de Nightingale citando textualmente a Stake (2020), quien señala…

Las tradiciones indígenas ofendieron el ideal de “limpieza” de la Gran Bretaña victoriana. La teoría del miasma apoyó convenientemente la supremacía británica y fue un pilar de la salud pública hasta finales del siglo XIX. Más importante aún, era un arma política para destruir las tradiciones indígenas de salud y bienestar, ya que etiquetaba cualquier cosa que no fuera británica o no cristiana como “inmunda”. Es inexacto suponer que cuando Nightingale habla de “limpieza”, de alguna manera está separado de sus raíces ideológicas. Cuando habla de limpieza, suciedad o inmundicia, siempre hay un sesgo cristiano implícito. Ella nunca podría haber apoyado ninguna forma de prácticas de salud indígenas porque no se basaban en valores cristianos”.

A partir de ello, solo me queda añadir que 2020 se impregna de incertidumbres, sorpresas y contrariedades, pero al mismo tiempo, son estas contrariedades las que nos hacen cuestionarnos nuestras interioridades, imaginarios y formas de vivir y concebir a la enfermería como una profesión que se inserta en su memoria e historia. Historia que no se desfasa de su constructo social victoriano.

Justo ahora, es el momento en que nuestras memorias atraviesan por un pasado que reaviva el dolor de la colonización, que nos pone en el centro de las discusiones sobre nuestros orígenes, pero por, sobre todo, en la semiología de los términos e ídolos a quienes honramos. Insisto que estas reflexiones no son para destronar a Nightingale del nicho que hemos creado para ella, pero sí que intenta emancipar a la profesión de un pasado que parece nítido, pero que se torna oscuro cuando se desgranan y desarticulan los textos y símbolos.

Nightingale es una mujer de su época, ella es el claro imaginario de una sociedad victoriana que tuvo auge en la expansión tétrica del modelo capitalista, que vio resurgir a las sufragistas, golpear y explotar a la clase trabajadora y exterminar a los pueblos nativos. Por tanto, como señala Stake (2020) Nightingale no solo fue un producto de su tiempo, también fue un producto de su clase, de los valores predominantes y burgueses, de los valores cristianos que se encarnaban en su ser, por ende, Nightingale también es obra de los discursos racistas que se entretejían en su época, porque ella no era un ser aislado de su sociedad, Nightingale era obra de arte esculpida por su sociedad, por tanto, era molde del mismo escultor.

No perdemos nada al relegar a Nightingale al lugar que le corresponde en la historia. Obtenemos conocimiento crítico, crecimiento y una mejor comprensión de lo que es la enfermería” (Stake, 2020).

REFERENCIAS

·         Nightingale, F. (1863). Estadísticas sanitarias de escuelas y hospitales coloniales nativos.
·         McClintock, A. (1914). Imperial Leather: Race, Gender and Sexuality in the Colonial Contest, 120. 
·         Stake, D.N. (2020). La dama racista de la lámpara. Enfermería Clío.

Published by karlamijangos

Enfermera, apasionada de la investigación, activista social y del movimiento descolonizador en enfermería.

2 thoughts on “Florence Nightingale: una mujer de su tiempo y de su historia colonizadora

  1. Que buena reflexión ir a la luz de estructuras socio económicas y culturales del asunto.
    Otro tanto resultaria el analizar su qué hacer a la luz de por ejemplo la religión, el género entre ostras

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  2. Es tiempo de mostrar humanismo y dedicación a nuestra profesión, cómo Nightingale lo hacía con sabiduría porque en este tiempo tan difícil para las personas que se contagian del virus, es necesario mostrarles nuestra solidaridad y apoyo para que salgan adelante y no se sientan solos.

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