Por Karla Ivonne Mijangos Fuentes_ Círculo Feminista Alaide Foppa
“El patriarcado supone un sufrimiento añadido a lo que conlleva ya vivir (…) Las mujeres llevan una sobrecarga natural y física por los cuidados y por las dobles jornadas (…) Tenemos un deterioro de la salud por las múltiples violencias a las que estamos sometidas por la feminización de la pobreza y por tantos factores que ya sabemos” (Belén Nogueiras García, 2021).
Introducción
Durante la conversación virtual que sostuvo el Círculo Feminista Alaíde Foppa de la mano de Belén Nogueiras (2021), se presentaron diversos engranajes teóricos que fundamentan la interrelación del feminismo y la salud, porque está claro que no se puede intervenir en los cuerpos de las mujeres sin el paradigma feminista.
En este sentido, Belén Nogueiras (2021) durante su intervención nos ofrece una pincelada sobre la importancia de dicha mirada feminista, y de cómo esta epistemología de la mujer, cobra sentido en la vindicación de los derechos de las mujeres a una atención integral y digna de la salud.
A partir de esta idea, Nogueiras (2021) hace un recorrido histórico por las olas del feminismo, explicando brevemente el papel estratégico de las mujeres en el campo de la salud. Así, ella parte de la historia donde las mujeres eran las responsables de orientar, mantener y recuperar la salud femenina desde una identidad como sanadoras, para después ser expropiadas de dicho conocimiento y poder sobre la salud, y cómo este hecho, contribuyó notablemente al androcentrismo científico sobre el mundo y la vida, específicamente el de las mujeres.
Y justo en este abordaje histórico del feminismo, también pudimos ser testigas de cómo el concepto de salud fue uno de los aspectos centrales que abordaron los primeros textos feministas, ya que social y culturalmente, las enfermedades de las mujeres se consideraban como una vulnerabilidad biológica de nuestro propio sexo, por tanto, las primeras aproximaciones teóricas impugnaron estas ideas.
Nogueiras insistía que era necesario des(individualizar) y des(biologizar) las enfermedades de las mujeres, para hablar de la salud de las mismas, pero desde un componente biopsicosociopolítico, ya que este es y ha sido uno de los mayores retos teóricos que se nos presenta con el feminismo, y desde el cual Belén nos hace sus reflexiones muy puntuales.
Cabe mencionar que la Doctora Nogueiras no está excluyendo lo biológico en la comprensión de la salud de las mujeres, por el contrario, ella señala que el feminismo, sin excluir al componente biológico, pudo complejizar la atención y el mantenimiento de la salud, a partir de la incorporación de otros elementos estructurales que patologizan los cuerpos de las mujeres.
Es así como Nogueiras (2018), explica que los cuerpos de las mujeres no se enferman por su propia naturaleza o condición de sexo, se enferman por la construcción social que el patriarcado ha configurado a su identidad de género femenino, por ejemplo, la sobrecarga de cuidados, la feminización de la pobreza, la subordinación de sus cuerpos, por mencionar algunos de los roles asignados que terminan por enfermar a las mujeres. A continuación, se explican más detalladamente los puntos sobre los que reflexionó la Doctora Belén.
La salud en la historia de las mujeres: un breve recorrido.
Belén Nogueiras (2021) comienza explicando que el feminismo está reparando la deuda histórica, política y social de las mujeres en la construcción de la salud, porque no debemos olvidar que quienes ostentaban el conocimiento de la salud eran las sanadoras, parteras y brujas, es decir, eran ellas quienes asistían a las poblaciones más vulnerables, y fueron ellas, las que precedieron a las hoy denominadas profesiones sanitarias.
Y gracias a esta idea, vindicamos el papel fundamental del conocimiento creativo de las mujeres en la construcción del conocimiento científico sobre el cuerpo humano, del cual se apropiaron y apoderaron los hombres a partir de la institucionalización de las universidades; adueñándose del campo profesional de las mujeres, y con ello, obteniendo poder social, reconocimiento, poder económico y territorial sobre el cuerpo de las mismas.
Sin embargo, no fue hasta siete siglos después del S. XIV que Sandra Harding (1996) cuestiona la neutralidad de la ciencia, porque ella daba cuenta de la ausencia de las mujeres para el acceso a la educación y para la obtención de títulos profesionales, además de la exclusión de las mismas del ámbito público; consecuencias que hasta la fecha sigue cobrando la vida de las mujeres.
Muchas de estas vidas cobradas y consecuencias vividas, las pudimos reflexionar con la institución de la violencia patriarcal a partir de la exclusión de las mujeres en la comprensión del sistema mundo, por ejemplo, la quema de brujas y la exclusión de los discursos científicos de las mujeres, fueron dos de los acontecimientos más importantes, tanto para el protagonismo masculino en y para la salud, como para la disidencia de las mujeres hacia la movilización por la recuperación de dicho poder.
A partir de este acontecimiento, Belén Nogueiras nos desplazó hasta la ola feminista del sufragismo, desde los postulados teóricos de Mary Wollstonecraft (1972), quién empezó a cuestionar el derecho a la educación, la inferioridad, la desigualdad, la dominación y el enfoque de tipo causal natural y sexo genérico de enfermedad en las mujeres, es palabras de Nogueiras (2021) “durante esa época, nuestra mala salud fue la culpa para desarrollar problemas físicos, emocionales y la locura.”
En este entendido, no es para menos señalar que los primeros textos sufragistas de Mary Wollstonecraft (1972) impugnaron esta idea, para renombrar que las mujeres sí presentaban enfermedades y malestares, pero no debidas a su feminidad, si no a las limitaciones que el patriarcado les imponía en sus vidas (Nogueiras, 2021).
Una de las restricciones que el patriarcado ha incorporado, es quitar a las mujeres cualquier fuente de poder, y la salud es una potentísima fuente de poder señala Nogueiras (2021). Por tanto, las mujeres al ser expropiadas del conocimiento y poder sobre su cuerpo y salud, pierden todo tipo de energía y alegría para vivir, por consiguiente, quedan débiles física, emocional, económica, psicológica, simbólica y culturalmente; y así la enfermedad, no es más que la consecuencia final del agotamiento de sus cuerpos.
Comprender todo esto no ha sido tan fácil, tal como refiere Nogueiras (2021), la ola del sufragismo nos introyecto en la perspectiva de género para comprender nuestra realidad, nuestros malestares y enfermedades como mujeres, ya que el feminismo fue ese paradigma que necesitábamos para iluminar nuestras mentes y conciencias.
Ya con el inicio del feminismo radical, se consiguió que las mujeres pudieran ingresar a los estudios de la medicina en el año 1882, en España. Y justo dos de estas mujeres que se formaron como médicas, culminaron con estudios doctorales de medicina, impugnando a través de sus tesis los discursos patriarcales que sostenían la incapacidad natural de las mujeres para los estudios (Nogueiras, 2021).
Cabe mencionar que, la Doctora Nogueiras refería que dichas doctoras iniciaron en España el movimiento de las mujeres por la salud, formando así, consultorios médicos para atender a mujeres de bajos recursos, de barrios desfavorecidos, y principalmente, crearon estrategias de autoconocimiento, autocuidado, derechos sexuales y reproductivos para las mujeres, para que éstas crearan mayor autonomía, menos dependencia hacia los sistemas de salud y médico, menos medicalización de sus cuerpos sobre procesos que se llegaron a considerar patológicos tales como la menstruación y la menopausia, y finalmente, encontrar un horizonte para mirar hacia adentro y lo personal como un lugar político (Taboada Leonor, 2000).
Porque justo el movimiento feminista radical que nació en EE.UU. en el año 1971 se caracterizó por promover la salud, a través del conocimiento del propio cuerpo en materia de salud y sexualidad de las mujeres. Y principalmente, haciendo muchos cuestionamientos a la práctica médica hegemónica y heteronormada de esa época (Martínez Alba, 2018; 2019).
Estos hechos fueron el parteaguas de otros derechos que se lograron en España y en todo el mundo con los movimientos feministas, por ejemplo, evitar que la anticoncepción fuera química y patológica, nombrar a las violencias obstétricas por su nombre, conocer formas alternativas de autoconocimiento vulvar como una forma de liberación, asistir a los centros de planificación familiar “planning” con perspectiva de género para la atención digna y amorosa de partos y cuidados reproductivos, ya que previamente sólo los ginecólogos tenían el control y potestad sobre estas tareas (Morgen Sarah, 2002).
No obstante, uno de los principales logros que la historia feminista ha tenido en la salud de las mujeres, es y ha sido generar nuevo conocimiento, porque las feministas han traducido a lo largo de toda la historia los conocimientos que van descubriendo en políticas públicas y leyes que protejan la salud y los cuerpos de las mujeres, porque como señala Nogueiras (2021) “el conocimiento feminista no nace de la academia, las mujeres construyen conocimiento a través de las experiencias de vida.”
La incorporación de la mirada feminista en el campo de la salud.
Como señaló Nogueiras (2021) en muchos momentos del conversatorio, la historia feminista nos permite vindicar el papel de las mujeres, de sus movimientos y de sus construcciones teóricas en la comprensión de nuestra salud y sus malestares como consecuencia de un sistema de dominación patriarcal, porque como refieren muchos colectivos feministas, las enfermedades y problemas que hoy y siempre han tenido las mujeres son debidas a las reglas que impusieron los hombres.
Es por ello que la Doctora Belén, nos recordaba a Betty Friedman y su concepto de la mística de la feminidad, para analizar el poder de los imaginarios en la construcción de la figura femenina, el instinto maternal como natural, la polimedicalización sistemática y/o normalizada y la patologización y/o amnesia mental de las mujeres para seguir manteniendo las situaciones que las llevan a perder la salud y la vida.
Asimismo, la historia no es solo para conmemorar fechas, si no para comprender nuestra realidad a partir de recorrer sus pasos. En esta línea, incorporar la mirada feminista en los sistemas y profesionales de la salud, más que una moda, es una deuda que tenemos con las mujeres, puesto que los profesionales deben ser los aliados y no los inquisidores de las mujeres.
Así, incorporar el paradigma feminista en las profesiones de la salud, es recordar el papel que la psicología, la medicina, la enfermería y otras profesiones han tenido en la patologización y psicologización de los problemas de las mujeres, así como en la individualización intrapsiquíca y en la medicalización para anestesiar las violencias que ellas viven cotidianamente, todo ello, derivado de la falta de conocimiento de los profesionales para aproximarse a las condiciones y contextualización de la vida de las mismas (Nogueiras, 2021).
Dentro de todas estas aproximaciones, la teoría feminista ha modificado el concepto de salud enunciado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cual prima la individualización de los problemas de las mujeres, en tanto, el feminismo colectiviza el malestar y resalta las enfermedades como producto de un daño estructural que viene desde arriba, y que ha creado una subjetividad subordinada permanente en las mujeres a través del paradigma patriarcal (Nogueiras, 2021).
Conclusiones
Es importante dejar de individualizar los problemas de las mujeres y comenzar a colectivizar el malestar. Y para ello, es necesario mirar las estructuras que dañan la salud de las mujeres desde los componentes físicos, sociales, políticos, económicos, psicológicos, emocionales, culturales y simbólicos, y principalmente, reconocer que el principal malestar de las mujeres es el patriarcado (Nogueiras, 2021).
Asimismo, cobra relevancia reconocer que uno de los elementos de dominación que incorpora el patriarcado a su estructura, es el dispositivo del lenguaje, porque es a través del mismo que comprendemos el mundo, pero es a partir del mismo que distorsionamos nuestro cuerpo y salud, por tanto, el lenguaje que utilizamos y el sentido que damos al mismo al pronunciarlo y enunciarlo, es lo que hace que diagnostiquemos o etiquetemos, orientemos o impongamos, colectivicemos o individualicemos, hablemos en clave de malestar o en clave de patología.
Desde esta perspectiva, el feminismo nos permite entender el sufrimiento y malestar de las mujeres a través de la historia, por ende, la incorporación de sus postulados teóricos en la formación de los profesionales de la salud, se hace imprescindible para empoderar a las mujeres sobre la autogestión, el autoconocimiento y el autocuidado.
De la misma forma, el feminismo al construir el conocimiento de la salud de las mujeres a partir del conocimiento experiencial, permite que sigamos tallereando y creando estrategias y espacios innovadores y seguros para la interacción e intercambio de malestares, vivencias y dificultades, y a partir de ello, generar nuevas herramientas para que las mujeres tengan más poder (Nogueiras, 2021).
Finalmente, nos quedamos con la idea fundamental que el patriarcado no es un concepto sin sentido, sin anclaje y ni objetivación, por tanto, es un sistema de representación y dominación que produce malestares, enfermedades y muerte a las mujeres.
Referencias
- Friedman, Betty (2009). La mística de la feminidad. Madrid: Ediciones Cátedra Universitat de Valencia. Instituto de la Mujer.
- Harding Sandra (1996). Ciencia y feminismo. Madrid: Ediciones Morata.
- Martínez Rebolledo, Alba (2018). La educación como herramienta política en el movimiento feminista español: el movimiento self-help (1976-1985). En Victoria Robles Sanjuan, Educadoras en tiempos de transición (pg. 81-109). Madrid: Los libros de la Catarata.
- Martínez Rebolledo, Alba (2019). Grupos de autoconocimiento en el movimiento para la salud de las mujeres durante la transición política española: El self-help y el autoconocimiento desde una perspectiva pedagógica. Atlánticas-Revista Internacional de Estudios Feministas, 4 (1): 32-63.
- Morgen, Sarah (2002). Into our own hand: the Women’s Health Movement in the United States 1969-1990. Rutgers University Press.
- Nogueiras, Belén (2018). La teoría feminista aplicada al ámbito de la salud de las mujeres: discursos y prácticas (España, 1975-2013). Madrid: Universidad Complutense de Madrid. Recuperado el 17 de octubre de 2019, de https://eprints.ucm.es/49892/1/T40529.pdf
- Taboada, Leonor (2000). De feministas y espéculos. Revista Mujer y Salud, (5): 9-11.
- Wollstonecraft, Mary (1972). Vindicación de los derechos de la mujer. Biblioteca libre Omegalfa.

Como señaló Nogueiras (2021) en muchos momentos del conversatorio, la historia feminista nos permite vindicar el papel de las mujeres, de sus movimientos y de sus construcciones teóricas en la comprensión de nuestra salud y sus malestares como consecuencia de un sistema de dominación patriarcal, porque como refieren muchos colectivos feministas, las enfermedades y problemas que hoy y siempre han tenido las mujeres son debidas a las reglas que impusieron los hombres.









































































