Ser Enfermer@ en tiempos de Covid-19

Karla Ivonne Mijangos Fuentes

Foto de Ruth Haro Alejandre (2020). Álbum de fotos en tiempos de pandemia. Enfermera y fotógrafa profesional. México.

Ser enfermer@ en cualquier tiempo nunca ha sido fácil, podemos trasladarnos a cualquier periodo histórico que se prefiera e interese, pero todos, y cada uno de ellos termina por decirnos que el camino de la enfermería hacia la profesionalización no ha sido nada sencillo; claro está, que hubo momentos en los que la Enfermería tuvo mayor crecimiento y visibilidad, pero ¡en verdad!, podemos hablar de un reconocimiento de la sociedad hacia el profesional del cuidado, o, solo se trata de un reconocimiento a nivel del campo disciplinar de la salud y desde el nombramiento como profesión.

Quizás si hablamos desde este posicionamiento legal, podamos distinguir una identidad profesional que nos relega a un cierto estatus. Sin embargo, la pregunta gira en función de, sí los enfermer@s sienten comodidad y confort con este reconocimiento legal, y, sí este reconocimiento profesional ha sido suficiente para sentirse seguros, plenos de derecho, autónomos e identificados con la ontología de la enfermería.

En este sentido, la pandemia por covid pese a verla como el gran enemigo del 20/20, también se le debe considerar como el mejor pedagogo de la historia _nos dice Boaventura de Sousa (2020)_, porque el coronovirus se nos presentó en un momento de tantas controversias y dudas, incluso existenciales. Justo ahora que el virus llegó a nuestra vidas, cuestiona nuestras prácticas y nuestras formas de estar en el mundo.

Este gran pedagogo nos refuta la idea de que el ser humano domina todo cuanto hay en la tierra; desde esta perspectiva, hoy nos indica que antes de nuestra existencia los virus ya eran dueños de la misma, y que a semejanza de los seres humanos, también ellos son seres orgánicos que cohabitan y conviven con la naturaleza, por tanto, siempre estarán presentes en nuestras vidas (Boaventura, 2020). Es así que, la pandemia por covid hoy toca nuestros más sublimes sentidos y corporalidades para cuestionar nuestro posicionamiento, poder y dominio como profesionales de la salud, y muy específicamente, como enfermeros.

Es justo la pandemia, lo que hoy denominamos como un desastre, la que nos interpela y trastoca nuestros conocimientos. En este tenor, reconocemos este valor legal como profesión, incluso podemos palparlo a través de una cédula profesional, pero hoy tiramos el gran velo que cubre nuestros ojos y descubrimos que para muchas sociedades, la enfermería no es más que una persona que viste de blanco y colabora en las actividades médicas _raro no está, que en una ocasión una amiga me dijo que no sabía que la enfermería, era una profesión_ “fue un momento incómodo, pero también me bajó del peldaño del mundo cocreado y de heroísmo”

Pero no sólo hablamos de esta identidad social, sino también tocamos las fronteras de las desigualdad, la exclusión y las diversas discriminaciones generizadas y jerarquizadas en las que nos vemos naturalizados y normalizados. Desde siempre hemos sido construidos por un poder hegemónico que controló nuestra individualidad y colectividad. Hoy nos preguntamos porqué no se nos cuida, porqué sufrimos agresiones, porqué no nos proporcionan un sueldo digno, porqué no nos ofrecen una seguridad laboral, porqué no podemos ejercer como gestores de políticas sanitarias, porqué no tenemos puestos directivos, porqué, porqué y porqué….nuestro léxico y pensamiento se llena de porqués.

En esta línea, los cuestionamientos surgen disparados hacia un exterior, hacia una nube que habrá de escucharlos, pero no se introyectan, es decir, no nos preguntamos qué sucede cuándo busco la igualdad y equidad profesional, pero no dejo de ser dominad@ por otras profesiones, por ejemplo, puedo sentir un pleno enojo porque me siguen nombrando señorita o joven, pero no hago más que interiorizar mi molestia. En este ejemplo, podemos entender que no sólo se tratan de actos individualizados y adquiridos conductualmente por una persona, por el contrario, se tratan de prácticas y Habitus que fuimos añadiendo a nuestro ser derivados de la formación, de las prácticas, de la interacción con otr@s enfermer@s, de lo que llamamos disciplina y “educación”, que también podemos denominar como adoctrinamiento o alienación.

Esta pandemia, por muy dura que pueda serlo, hoy nos ha mostrado una identidad en la cual no nos reconocíamos, o, simplemente no sabíamos como nombrar a todo aquello que nos causaba molestia, pero que reconocíamos como razón de ser enfermer@. Empero, así como develó todas nuestras debilidades, también visibilizó nuestras fortalezas e impactos de intervención para la sociedad. Hoy, no dejo de escuchar en la radio, televisión y en todas las redes sociales que se hable de enfermería, de ese riesgo que asumen y aceptan l@s enfermer@s para cumplir con un rol profesional, hoy mismo, las personas se preguntan sobre el número de horas que estos cuidadores pasan de pie, sobre las privaciones que tienen dentro de un área de covid (sed, calor, ganas de miccionar, etc.), sobre las privaciones sociales y familiares y sobre los efectos secundarios que esta fría pandemia dejará en el cuerpo de l@s enfermer@s.

Quizás, no es el reconocimiento que se anhela como profesión, pero es un momento histórico de compasión y de empatía hacia con una profesión a la cual le hemos quedado a deber como sociedad, a lo largo de toda la historia. Una profesión que siempre ha estado presente, pero por siempre ha estado ausente del imaginario de la sociedad, del Estado, del Sistema Sanitario y de la relación interprofesional, la cual se ha mostrado desde una verticalidad dominante y autoritaria.

Es así que la pandemia, no solo destrozó nuestras emociones y afectos como enfermer@s al vernos envueltos en esta ola de muertes, duelos y desolaciones, que no cesan. La pandemia hoy se convierte en nuestro aliado y clave fundamental para la emancipación, hoy sabemos que debemos seguir en el control de la pandemia, porque simplemente ser enfermer@ en tiempos de pandemia, es ser aliad@ de las personas que sufren por la pérdida de su energía y equilibrio corporal. Ser enfermer@ en estos tiempos es desestabilidad espacial y temporal, y efectivamente, un camino muy complejo de sobrellevar.

No obstante, ser enfermer@ en tiempos de covid-19 es deconstrucción, emancipación, des(opresión), disidencia y subversión. Hoy nos encontramos ocupados con nuestros usuarios, con nuestra soledad liberadora, con nuestros pensamientos que desmitifican todo lo construido por la modernidad en torno a nuestra identidad y representación, de la cual no nos sentimos pertenecientes, pero que debido a esta incomodidad y dolor que rasga nuestras heridas corporales y espirituales, hoy sabemos que la enfermería no puede, ni debe ser igual que ayer y hoy.

Foto de Ruth Haro Alejandre (2020). Álbum de fotos en tiempos de covid. Enfermera y fotógrafa profesional. México.

_Algo habremos de cambiar; Algo habremos de encontrar anclado a nuestra historia y que debemos des-esposar;

Algo habremos de enconizar para sanar las heridas, pero Algo debemos re-pensar y re-inventar en la Enfermería_

¿EXISTE UN SOLO PARADIGMA PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO SOCIAL?

Una reflexión desde la filosofía de la Ciencia

La ciencia

Se parte de la idea que la realidad existe independientemente de los hombres; y en esa preocupación del propio hombre por querer conocer su realidad, la realidad del otro y en conjunto toda la realidad; y en su carácter natural de ser hombre social y político, es válido que éste desee tener un equilibrio, control, dominio y conocimiento de lo que le rodea.

Por tanto, el hombre en su afán de dominar la naturaleza, y descubrir la realidad, empezó por razonar su propia existencia. De este gran abismo de realidades e incomprensiones surgen grandes filósofos de la historia como Aristóteles, Platón, Galileo, Bacon, Newton, Locke, entre otros de gran importancia y trascendencia para el desarrollo del conocimiento científico.

Es arduo pensar, que la realidad es algo poco tangible de conocer; y de lo que en realidad creemos conocer, no conocemos casi nada. Al respecto, se puede decir que en esa construcción del conocimiento de la realidad, ha habido una serie de hechos suscitados que trascienden hasta nuestros días, dirigiendo nuestros pensamientos sobre la construcción y el descubrimiento del conocimiento.

De todo esto surgen algunas preguntas ¿Existe un solo método científico que permita conocer la realidad?, ¿Cómo se construye el conocimiento? ¿Qué es la Ciencia? ¿Cómo se construye el conocimiento social? A estas preguntas son a las que trataré de dar respuesta en los siguientes párrafos, haciendo propias las ideas de algunos de los más notables científicos de las Ciencias.

Como primer punto y hablando del método científico, Pérez (2003) afirma que éste es:

“La suma de los principios teóricos, de las reglas de conducta y de las operaciones mentales y manuales que usaron en el pasado y hoy siguen usando los hombres de ciencia para generar nuevos conocimientos científicos” (p.253)

Con base a esta premisa, el método científico permite llegar al conocimiento científico, empero, éste no ha sido un sola fórmula, o serie de pasos como nos lo han hecho creer. Este método, ha sufrido grandes transformaciones a partir de los siguientes principios: a) inductivo-deductivo; b) a priori deductivo; c) hipotético deductivo; y d) la ausencia de método (Pérez, 2003).

Dentro del principio inductivo-deductivo y a priori deductivo encontramos a Aristóteles, Galileo, Arquímedes, entre otros filósofos, quienes consideraban que para conocer, primero se debía observar y, posteriormente llegar a generalizaciones. Éste método acepta la capacidad del hombre para percibir la realidad a través de sus sentidos e inteligencias, es por ello, que para Aristóteles existían dos tipos de inducción, por enumeración simple y por intuición. La primera hace referencia al número de veces en que se observa el hecho para llegar a generalizaciones del mismo; en tanto que el segundo, sólo se desarrolla después de una experiencia extensa (Pérez, 2003, p.28).

Está claro que la postura aristotélica al igual que la de Arquímedes, parten de principios dogmáticos, y enunciados básicos que sólo son aceptados por el “sentido común”, por la lógica práctica como afirma Bourdieu; o quizás, porque en principio, son preguntas metafísicas que escasamente pueden comprobarse o refutarse objetivamente.

Se puede decir, que la metafísica es un principio básico del cual surgen todos los demás principios y leyes, y también es una forma de aproximarnos a la realidad del conocimiento. No obstante, estas posturas un tanto llamadas silogismos, son las que llevaron a Popper y otros científicos a replantearse la construcción del conocimiento científico.

De esta reflexión y análisis popperiano, es como surge el método hipotético-deductivo, este método, es una contra inducción y contra demarcación, por tanto, Popper (1991) afirmaba que la construcción del conocimiento parte de elementos teóricos o hipótesis que anteceden a las observaciones (Pérez, 2003).

Popper a través del racionalismo crítico construye este método, aceptando que el conocimiento científico validado se trata de una aproximación, porque éste estaba consciente que no se podía afirmar un hecho como verdadero, por ello, rechaza toda determinación de causa y efecto de la ciencia positivista.

Asimismo, Popper creyó en el método de la probabilidad para llegar a una aproximación de la realidad; y también consideraba que las teorías pueden ser refutadas a través de la deducción de hipótesis; aunque abiertamente, él no aceptó que la ciencia es acumulativa, el método propuesto por éste, llevaba a ello. El problema del método popperiano, fue excluir en la construcción del conocimiento a la historia, asumiendo que ésta no era transcendente en la comprobación y corroboración de los hechos.

Esta ahistoricidad del método fue la que dio pauta a Thomas Kuhn para proponer el método de las revoluciones científicas, la cual contenía dos ciencias: la ciencia normal y la ciencia revolucionaria. La primera se trata de la ciencia acumulativa de Popper, en tanto, la segunda hablaba de un rompimiento paradigmático, y de un cambio trascendental de formas de ver y mirar el mundo (Kuhn, 2002)

Quizás, la aportación más importante de Kuhn fue describir que para hacer filosofía de la ciencia, la historia debe estar presente en esta construcción del conocimiento, porque ésta puede dar pauta a una realidad de saberes, y a una explicación más valida. Tal y como afirma Zammito (2004) la naturaleza epistemológica no puede estar desprovista de dos grandes impulsos, que a su vez son originados desde la filosofía del lenguaje: 1) la historización de la razón que comprende el matrimonio entre la historia y la filosofía; y 2) la construcción social del conocimiento.

Es válido decir, que comparto algunas ideas con Popper, desde la noción que no se pueden generalizar ideas a partir de un hecho, sobre todo porque en el tiempo, en que él observó dicha disyuntiva, la ciencia tenía un método extremadamente determinista de rigurosidad y validez de los hechos observados, sin embargo, la aportación popperiana permitió en gran medida, establecer criterios de validación cualitativa  a partir de las grandes críticas al método inductivo.

El último y gran principio para la construcción del conocimiento científico, fue precisamente la ausencia de método. Entre los principales científicos; y que sobresale por su carácter anárquico es Feyerabend (1990), quien negaba la existencia de tal método científico, teniendo como fundamento la frase de “todo se vale”.

Coincido con Pérez (2003) en que es un tanto pretenciosa la idea anarquista de Feyerabend, cuando da por hecho que existe una supresión de datos, con el objetivo de favorecer las hipótesis propuestas por el científico. Es verdad, que a través de la modificación estadística de datos se pueden hacer válidos los resultados obtenidos, pero a esto hay que agregar, que también como investigador se asume el margen de error probabilístico, incluso y,  pese a que los resultados numéricos no resulten del todo favorables, también se puede asumir “cierta” la hipótesis debido a que la teoría o la realidad se muestran distintas al resultado obtenido.

Al respecto, también es importante hablar de la rigurosidad metodológica del científico, así como de los principios éticos que regulan su quehacer investigativo. Por tanto, los errores que cometen algunos científicos, no pueden ser generalizables a todo el grupo de científicos que desarrollan el conocimiento. Notablemente estos principios fueron los que no tomó en cuenta Feyerabend cuando defendía la postura de la inexistencia del método científico.

Por otra parte, me parece sumamente arriesgado, que Feyerabend aceptará el “todo se vale”, porque le resta credibilidad y rigurosidad a la Ciencia, esto se vería en un resultado fatal para el mundo científico, en el que incluso la pseudociencia sería parte de ese conocimiento científico. Creo que Feyerabend en su afán por discutir la forma y condiciones en las que se venía construyendo el conocimiento científico, pasó a un extremismo dogmático y pragmático.

Dentro de los filósofos de la ciencia, y que conviene analizar dentro de toda esta construcción del conocimiento científico, es Lakatos (2002), quien diera un giro al pensamiento popperiano y kuhniano. Es Lakatos quien crea los programas de investigación científica, afirmando que las teorías no pueden ser rechazadas por el hecho de falsearlas, por ello, él apuntaba que las grandes teorías resistieron todos los embates, debido a las paredes que cubrían el núcleo de la misma.

Considero que Lakatos, es uno de los científicos que verdaderamente acepta que una teoría sólo puede dejarse en desuso, si subyace una teoría más fuerte de contenido y aplicación. Esto es lógico de razonar, porque si nos dejásemos llevar por el pensamiento popperiano, muchas de las teorías existentes no hubieran trascendido, tal es el caso de la teoría de Einstein.

Quizás lo más debatido del método de Lakatos, es la practicidad de su estructura en las Ciencias Sociales, porque como afirma Pérez (2003), es muy complejo acomodar dicha composición a las teorías sociales basadas en simbolismos.

Finalmente, uno de los grandes acontecimientos de la historia de la ciencia, fue el debate paradigmático de Guba (1997), quien considera que no existe un solo paradigma en la construcción del conocimiento, sino que la diferencia entre cada uno de ellos, son las respuestas que cada paradigma tiene a las preguntas de carácter ontológico, epistemológico y metodológico.

Por tanto, el uso de cada paradigma en cada uno de los fenómenos estudiados, va a ser el que mejor responda a la construcción de una explicación. Desde este enfoque Guba (1997) considera que existen tres posturas paradigmáticas: el pos-positivismo, el constructivismo y la teoría crítica.

El pos-positivismo como afirma Zammito (2004) surge como una crítica a la práctica de la investigación empírica. Dicho paradigma emerge en la filosofía de la ciencia y escala hacia la filosofía del lenguaje. Es importante reconocer que el lenguaje dentro del positivismo lógico había sido excluido, y recobra importancia hasta el pos-positivismo.

El pos-positivismo ontológicamente responde que es crítico realista, es decir la realidad existe pero no puede ser completamente aprehendida, debido a que los mecanismos humanos intelectuales y sensoriales son imperfectos (Guba, 1997). Este paradigma es una refutación al absolutismo del paradigma positivista, que como ya vimos, éste sostenía una postura realista (leyes de causa y efecto).

Asimismo, epistemológicamente el pos-positivismo mantiene que la objetividad permanece como el ideal regulatorio, pero ésta sólo puede ser aproximada (Guba, 1997). Por tanto, la validez de los resultados deberá ser consistentes con la academia tradicional y con los juicios de una comunidad crítica de editores.

Por otra parte, el paradigma constructivista, ontológicamente responde que las realidades existen en la forma de construcciones mentales múltiples, basadas socialmente en la experiencia, dependientes en su forma y contenido de las personas que las sostienen (Guba, 1997).

Epistemológicamente el paradigma constructivista toma una posición subjetivista donde el investigador e investigado son fusionados dentro de una sola entidad (Guba, 1997). El constructivismo busca construir el mundo del otro, en la medida que esta construcción existe en la mente de éste.

Finalmente, el paradigma de la teoría crítica según Guba (1997), sostiene ontológicamente,  que hay una realidad objetiva expresada en la frase “falsa conciencia”, lo que implica que hay una “conciencia verdadera” en algún lugar o “fuera de” o más probablemente, poseída en cierta forma por el investigador o en alguna élite mejor informada.

En una respuesta epistemológica, la teoría crítica mantiene una postura subjetivista. En este sentido los valores mediatizan la indagación. La meta de los investigadores será transformar el mundo real a través de elevar la conciencia de los participantes, para que ellos sean conscientes de su propia transformación (Guba, 1997).

Llegados a este punto, la pregunta ahora es ¿cuál es el mejor paradigma para el estudio de las Ciencias Sociales? Es ambiguo afirmar que hay un solo paradigma para las Ciencias Sociales (CS), partiendo que éstas estudian a las sociedades, a las colectividades, a las relaciones sociales. Desde esta perspectiva, se sabe que los fenómenos de carácter sociológico son complejos por naturaleza, porque los seres  humanos son seres simbólicos.

Tal y como afirma Guba, no existe la supremacía de un paradigma sobre otro, el fenómeno a estudiar es el que realmente deberá responder a las preguntas de carácter epistemológico, ontológico y metodológico de su naturaleza.

No obstante, en las CS, la crítica que se hace a sus científicos desde la visión pos-positivista, es que éstos se distinguen más por sus afirmaciones dogmáticas, que por el estudio riguroso de los problemas auténticos (Bunge, 1980). Esto lleva a pensar que las Ciencias Sociales, es más una religión que una Ciencia, sin embargo, ésta no busca predecir y refutar hechos, sino investigar una explicación a los fenómenos de la Sociedad.

Quizás las Ciencias Biológicas, difieran de esta afirmación debido a que su fundamento se basa en construir el conocimiento del funcionamiento del cuerpo humano, mismo conocimiento que puede basarse en la exploración y experimentación de los hechos objetivos para explicar dicho funcionamiento. Método, que no aplica a las Ciencias Sociales. Tampoco con esto se quiere decir, que las CS no puedan someter algunos hechos a refutación empírica.

Otra de las críticas a la construcción del conocimiento social, él es carácter y actitud marxista de sus científicos, quienes basan su fundamento en la superestructura ideal como una construcción de la clase colectiva social dominante (Bunge, 1980). A través de esta postura concomitante de tradición y actitud, muchos científicos sociales desean explicar todo los fenómenos sociales. Y en esa explicación redundante de ideas, se pierde la rigurosidad del método, la interacción simbólica con el otro, y por supuesto, se hunde en un etnocentrismo y tergiversación del fenómeno estudiado.

Existen diversas opiniones sobre la validez del conocimiento social, empero, una de los grandes debates se ha originado sobre los grupos lingüísticos, hermenéutico, semiótico, retórico y pragmático, que desplaza la atención del hecho al símbolo, de la hipótesis controlable a la interpretación arbitraria, de la verdad a la metáfora y de la reflexión a la atención (Bunge, 1980).

Quizás esta sea una de las mayores interpretaciones de filosofía irracionalista y de pensamiento débil, que lleva a pensar en una interpretación sociológica carente de rigor científico. No obstante, estos debates son los que han llevado a científicos como Guba & Lincol a desarrollar unos rigurosos criterios de cientificidad subjetiva.

Porque también resulta fingido, llegar a pensar que los datos subjetivos carecen de verdad y rigurosidad, cuando es el mismo ser investigado el que los reproduce; teniendo en cuenta, que también la filosofía pos-positivista se equivoca al realizar el enmascaramiento de los datos; y resulta iluso que el investigador pos-positivista tenga la convicción, que el sujeto investigado responde verídicamente a las preguntas planteadas en un instrumento de recolección de datos.

Me gustaría concluir este ensayo con algunas ideas de Sartory (2000). Primero  aceptando que el conocimiento del hombre tiene tres dimensiones: nivel empírico de la verdad, el cual posee un uso representativo del lenguaje hacia lo observable a través de lo visual de los hechos; el nivel subempírico de la verdad, que abandona el lenguaje natural (lo observable es algo que transcurre en el experimento); y el nivel supra empírico de la verdad que conlleva un uso ultra representativo del lenguaje (esfera de lo inteligible, no sujeta  a las contradicciones de los hechos).

De esta idea se concluye que el conocimiento se va a construir desde la postura del investigador por conocer y comprender el fenómeno de estudio. Esto puede ser desde una postura descriptiva visual de lo que observa, desde una postura un tanto controladora y asilada del fenómeno observado, hasta una postura de inmersión, comprensión y explicación del sujeto estudiado.

En verdad, se puede decir que no existe un solo método o un solo paradigma para el estudio de los fenómenos sociales, la pauta de elección de paradigma lo va a determinar la naturaleza del propio fenómeno de estudio.

En esta misma postura conviene agregar, que cuando el referente de investigación es otro hombre, que incluye su comportamiento, proceso de interacción e institución; como es el caso para las Ciencias Sociales. El objeto de la observación ya no es una cosa que se deba someter a experimentación y aislamiento. En tanto, el referente de investigación se subjetiva y desde esta connotación importa más el sentido, los significados, los simbolismos, las interacciones y reacciones (Sartory, 2000, p.56).

Al respecto, es imprescindible afirmar que los fenómenos de estudio de las CS, son extremadamente complicados, empero, coincido con Sartory (2000, p.55) en que…

 “una Ciencia que no verifica, o que no falsifica neutralmente, no es Ciencia” (p.55).

Concluyentemente toda Ciencia, incluidas las CS, que aporte al conocimiento a la Ciencia, ya sea, a través de un principio inductivo o deductivo, debe llegar a conclusiones que tengan un criterio amplio de rigurosidad y validez científica, de lo contrario incurriríamos en el anarquismo de Feyerabend del “todo se vale”.

Referencias

  • Bunge, M. (1980), Epistemología, Barcelona: Ariel.
  • Feyerabend, P. (1990), Diálogo sobre el método, Madrid: Cátedra.
  • Guba, G. (1997), The Paradigm Dialog, Estados Unidos: Sage.
  • Kuhn, T. (2002), El camino desde la estructura, Barcelona: Paidós.
  • Lakatos, I. (2002), La metodología de los programas de investigación científica, Madrid: Alianza.
  • Pérez, R. (2003), ¿Existe el método científico? México: FCE, SEP, Conacyt, ECN.
  • Popper, K. (1991), La lógica de la investigación científica, México: REI.
  • Sartori, G. (2000), La política. Lógica y método de las ciencias sociales, México: FCE.
  • Zammito, J. (2004), A Nice Derangement of Epistemes: Post-positivism in the Study of Science from Quine to Latour, Estados Unidos: University of Chicago.

TECNOCRACIA COMO IDEOLOGÍA EN LAS CIENCIAS DE SALUD: DESDE UNA VISIÓN PROGRESISTA

Curto, P. 2020
Curto, P, (2020). “Tecnocracia y pandemia”. Diario 16

Se parte de la premisa que el concepto de tecnocracia no es “moderno”_ si se le quiere denominar de alguna forma radical_; tal y como afirma Habermas (2001), el poder otorgado a la ciencia y tecnología comenzó a generarse de una forma somera, en el siglo XVII, etapa también denominada como Renacentismo; y justo es el periodo que aportó las bases para lo que hoy constituye un dominio del poder capitalista.

Es interesante poder conocer los orígenes griegos de la palabras “techne” (técnica) y “episteme” (ciencia) que hacían referencia a aquellas cosas que traen adelantos, progresos, avances (Téllez, 2014). Porque a partir de estos significados, es que se puede comprender las transformaciones que han tenido dichos conceptos en el mundo de la ciencia y de la sociedad.

En una explicación más amplia, la tecnocracia, cobró sentido desde que Claude Henri de Saint Simon (1760-1825), inventara el concepto de industrialización; este concepto desde la visión de Simon connotaba un progreso para la sociedad, empero, él imaginaba que dicho concepto subyugaría las consecuencias que trajo en ese entonces a la sociedad la revolución industrial. Por tanto, la industrialización traería consigo una reorganización total de la sociedad.

Desde que se creó el concepto de industrialización, no fue hasta 1802, cuando se vieron las primeras consecuencias de tal movimiento, la tecnología había avanzado en demasía, consiguiendo así, un avance en el desarrollo industrial, tal y como se lo imaginó Saint Simon. No obstante, la industrialización también produjo una reducción en la mano de obra humana; y al mismo tiempo, la clase dirigente se volvió ociosa. En una posición, un tanto, idealista y presuntuosa de crear una nueva élite industrial, Simon soñaba con tener un consejo Newtoniano, conformado por científicos, matemáticos, físicos, economistas, etc., por ello él afirmaba..

            “Un científico, mis amigos, es un hombre que predice. Y es porque la Ciencia le provee los medios para hacer predicciones que son útiles, y es por eso que los científicos son superiores a cualquier hombre” (Téllez, 2014 a partir de Saint Simon, 1760).

A partir de estos acontecimientos, Habermas considera que son 3 los fenómenos de mayor trascendencia en el siglo XX: 1) el desarrollo demográfico, 2) los cambios en el mundo del trabajo y su productividad, y 3) el progreso científico y tecnológico. Hablando específicamente del último punto, él considera que la tecnología y la ciencia serán las bases del dominio del hombre sobre la naturaleza, convirtiendo así, a la tecnología y la ciencia en un fin o razón instrumental, mismo que se aleja de los objetivos finales de la acción humana, transformando la ciencia y la tecnología en una ideología, instaurada en los principios del capitalismo (Habermas, 2001).

La tecnocracia de acuerdo a los textos de Tecnocracy Inc…

“Es la Ciencia aplicada al orden social. La Ciencia se ocupa de determinar la realidad más probable en cualquier campo de conocimiento, sea química, ingeniería, o fenómenos sociales. La tecnocracia entonces, se ocupa de la determinación de la realidad más probable en el campo de la ciencia social, es decir, la determinación de su  estado más probable. Tiene que ver primariamente, con esa parte del mecanismo social relacionado con la producción y distribución de bienes y servicios, pero tiene implicaciones de mayor alcance aún” (Téllez, 2014 a partir de Tecnocracy Inc., 1975: 5).

En esta connotación trasladada desde la administración pública, la política y la economía, se segrega la ideología burócrata, abordando entre su definición los conceptos traídos desde el Marxismo sobre los modos y tipos de producción capitalista. Al respecto, se puede preponderar la razón instrumentada de la tecnología y ciencia como una forma de dominio y poder.

Según Fisichella, la tecnocracia..

“se refiere a un gobierno local, estatal o federal que se orienta, toma decisiones y ejecuta acciones, según un marco racional y técnico-instrumental, para el mejor aprovechamiento de los recursos humanos, materiales y económicos disponibles” (Fisichella, 1983).

Por tanto, una sociedad tecnócrata al verse sumergida en una competitividad constante en materia científico-técnica, adoptará los medios e instrumentos para sostenerse dentro de este avance tecnologizado (Fisichella, 1983).

Como afirma Aguilar…

“estamos, por así decirlo, ante una verdad de la razón práctica, de la razón vinculada a la acción […] Se trata entonces de una “razón instrumental”, de una razón como instrumento de cálculo, que pondera la proporción o desproporción entre los medios disponibles y los fines deseados y que así, […] incide como criterio clave en la decisión acerca de la acción correcta” (Aguilar, 1982: 43)

En términos más sencillos, se trata de un orden mundial donde lo que realmente domina es un sólo sistema económico (el capitalismo) que se asume moderno, globalizado, competitivo y de alto desarrollo tecnológico.

Basados en las ideas de Max Weber, se puede decir, que la tendencia de la modernidad hacia la racionalización, la complejidad, burocratización y la especialización creciente, atenta directamente contra la democracia, debido a que la selección de los dirigentes no está condicionado por la elección libre de los votantes, sino por la alta especialización y conocimiento de estos burócratas sobre la tecnología y la ciencia (Téllez, 2014 a partir de Max Weber, 1971-72).

Es por eso, que Sarah Babb señala que los tecnócratas son..

 “funcionarios que forman parte de burocracias gubernamentales y cuya autoridad se basa esencialmente en […] sus credenciales como profesionales, antes que en criterios políticos de legitimidad, como pudiera ser contar con el apoyo de una mayoría electoral” (Babb, 1998:664).

Basada en estas ideas, se puede percibir claramente el rompimiento de una democracia, donde el conocimiento experto favorece los procesos técnicos y no al ideal de la democracia, versando la ideología en una racionalidad técnica, más que en una racionalidad democrática, que  en términos últimos nos lleva a pensar en una realidad objetiva, que asume las propuestas técnicas y científicas para resolver los problemas sociales.

A partir de estas premisas, y guiada por los pensamientos de Lakatos, quien considera que durante el siglo XX se le dio una nueva connotación al estudio de la realidad científica. La ciencia, a través de la tecnología penetró vertiginosamente al mundo social, convirtiéndolas en principal fuente productiva e ideológica y por ende incidiendo marcadamente en el comportamiento individual y social, los criterios del desarrollo económico y el espacio natural (Lakatos,1983-1989).

Desde esta connotación se puede apreciar que la utilización del conocimiento, paso a ser sinónimo de poder humano, en este caso el saber científico, paso a ser un instrumento para el modo de producción capitalista, a través del uso de la tecnología. Es decir hubo una transición del pensamiento especulativo, al pensamiento técnico aplicado.

Esta transición paradigmática hacia un pensamiento técnico aplicado, y una racionalización instrumental de la ciencia, ha conllevado a las Ciencias de la Salud, a ver la Ciencia y la Tecnología como una ideología _en palabras de Habermas _; dicha ideología ha sido la línea que atraviesa el fundamento del modelo biomédico de la salud, mismo que permanece hasta nuestros días.

Para el modelo biomédico, la meta es la descripción minuciosa y la cuantificación de su objeto de estudio (Fraile, s/f). Este modelo biomédico surge con Hipócrates, quien consideraba a la enfermedad como un desorden de la physis humana examinada objetivamente. Esta forma de concebir la medicina, es también fruto de las tradiciones Galénicas y Galileas, que apuntaban que un conocimiento objetivo y medible del mundo es posible, y ello no incluía sólo a la tierra y a los astros, sino también a los seres humanos.  

Fue a partir del renacentismo, y bajo los postulados matemáticos de Descartes, que la medicina transformo su concepción del ser humano, hasta llegar a considerar al cuerpo humano como una máquina, que puede ser analizada en términos de sus partes; tal como dice George Engel, la medicina hasta nuestros tiempos se sirve de pensar al cuerpo humano como máquina, la enfermedad como consecuencia de una avería de esta máquina, y la tarea del médico como reparador de dicha máquina, perdiendo así, el sentido humanístico (Fraile, s/f).

El punto crítico, en esta situación versa en el uso de la tecnología y la ciencia, para dominar los campos de la salud, desde luego, esa visión maquinista del cuerpo humano, no es más que la reproducción del sistema de producción dominante (capitalismo), que tiende a crear los horizontes entre los modos de producir la salud, debido a que la salud se concibe como un producto que ha de alcanzarse basado en un progreso científico-tecnológico, que traiga consigo la competitividad entre sus profesionales por ser el más eficaz y efectivo, en cuanto a procedimientos y tratamiento respecta.

Es por ello, también, que a los profesionales de la salud, les interesa más especializarse en el manejo de grandes tecnologías médicas, que actualizar su conocimiento en filosofías humanísticas. La especialización guía al profesional, a un progreso en el modo de producir, distribuir e intercambiar la salud; en tanto, una visión humanística según la concepción de los trabajadores, sólo trae retroceso del conocimiento, un marcado dominio del experto especialista que domina la tecnología y la ciencia, y por ende, un marcado salario poco retributivo a sus actividades humanísticas.     

Desde una formación biologicista, como la que represento, parece imposible separar la ciencia y la tecnología, sí se quiere llegar a una “verdadera evolución” de la ciencia médica, en términos un tanto racionales y empíricos, debido a que la tecnología ha subsanado los grandes estragos y problemas de salud, nótese el ejemplo de los trasplantes orgánicos, el uso de marcapasos en personas con cardiopatías, entre otros muchos ejemplos, que puedo nombrar en este escrito.

Sin embargo, la tecnología ha creado una tecnocracia de la salud, que lejos de alcanzar el, progreso social, el bien común de Aristóteles, y la beneficencia versus maleficencia como criterio ético; sólo ha pasado a ser un instrumento de dominio y poder que materializa la salud, viendo a esta última como el fin último de todo el sistema humano, y perdiendo el sentido y significado de la persona.

Referencias bibliográficas

·        
  • Aguilar, L., (1982). “Política y racionalidad administrativa. Instituto Nacional de la Administración Pública, Serie V”. En Teoría de la Administración Pública 3. México.
  • Babb, S., (2003) Proyecto: México. Los economistas del nacionalismo al neoliberalismo. México, Fondo de Cultura Económica.
  • Babb, S., (1998) “Los profesionistas en el gobierno y el problema de la tecnocracia: el caso de los economistas en México” en Estudios Sociológicos 16, núm. 48, 1998, pp. 661-688.
  • Fraile, M., (s/f) “Modelo biomédico y modelo biopsicosocial, Recopilación bibliográfica”. [en línea].  disponible en https://ifdcsanluis-slu.infd.edu.ar/sitio/upload/MODELO%20BIOMEDICO%20y%20BIOPSICOSOCIAL.pdf [Accesado el 04 de septiembre de 2018]
  • Fisichella, D., (1983) “Tecnocracia” en Norberto, B., Nicola, M., y Gianfranco, P., eds., Diccionario de política, 13ª edición, México, Siglo XXI Editores, 1983, pp. 1553-1555.
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  • Weber, M., (1971-1972) Ensayos de Sociología Contemporánea, Ediciones Barcelona.

USO DE LA COFIA:PRÁCTICA RUTINIZADA Y REPRODUCTORA DEL SISTEMA SOCIAL DE ENFERMERÍA

https://sombrereroslocos.wordpress.com/2013/11/12/la-cofia/

INTRODUCCIÓN

Se parte de la idea que Giddens no entiende los sistemas sociales simplemente como un conjunto de estructuras, sino que más bien reconoce que los sistemas sociales están dotados de estructuras sociales. Al respecto, Sewell  añade “Los sistemas sociales, según Giddens, no tienen existencia aparte de las prácticas que los constituyen; y estas prácticas son reproducidas por las representaciones “recursivas” o repetidas de estructuras” (1992, p. 6).

En este sentido las prácticas sociales representan, según Giddens (2011), la mejor unidad de análisis a partir de la cual es posible obtener una comprensión profunda de las dinámicas sociales. Estas prácticas son relacionales, es decir, que se producen sólo en interacciones sociales configuradas a un tiempo y espacio; y entre individuos y/o agentes con competencias sociales.

Los individuos, por ende, basan sus interacciones en estructuras sociales que, aunque limitantes, les permiten reproducir sus prácticas diarias. Es lógico, entonces, que las estructuras sociales que los individuos movilizan en su curso de acción no son producto del azar, más bien, son el producto de sus competencias (Giddens, 2011). Estas competencias sociales de los individuos, devienen del conocimiento y/o experiencia, del monitoreo reflexivo de la acción[1] y de la racionalización de la propia acción (ibid).

La racionalización de la acción, Giddens (2011) la concibe desde dos puntos de vista: 1) los actores también de forma rutinaria y convencidos, mantienen una “comprensión teórica continua de los fundamentos de su actividad” (p. 5); y 2) como una justificación discursiva de los agentes por sus acciones, es decir, “se espera que los actores generalmente puedan explicar la mayor parte de lo que hacen, si se les pregunta” (Giddens, 2011, p. 6)

Además, el monitoreo reflexivo de la acción y la racionalización de la acción están enraizados en ciertos componentes psíquicos que engloban la conciencia discursiva, la conciencia práctica y el inconsciente (Giddens, 2011). La conciencia discursiva corresponde a todo lo que el agente puede verbalizar. En consecuencia, la conciencia práctica comprende lo que el agente puede hacer pero no puede expresarse en palabras (ibid).

Sin embargo, a pesar de que los individuos pueden ser capaces de proporcionar una explicación discursiva de las intenciones y las razones detrás de sus acciones, estos mismos individuos, tienen dificultades para explicar las motivaciones de sus acciones; y estas motivaciones residen en el inconsciente[2]. Por tanto, las motivaciones constituyen deseos inalcanzables, a las que el individuo no puede acceder directamente a través de su conciencia práctica o discursiva (Bailyn, 2002).

 Para Giddens, entonces, la mayoría de la acción no está motivada directamente, sino es parte de la rutina (cotidianidad de la práctica), la que conlleva a la continuidad de la personalidad del agente y de las instituciones de la sociedad, a través de su reproducción continua; y esto al mismo tiempo le proporciona al agente una seguridad ontológica (Giddens, 2011).

Con relación a la estructura, se dice que ésta existe solo en la memoria de los individuos y se hace realidad a través de sus prácticas (Giddens, 2011). En contraparte, las propiedades estructurales se refieren a las características estructurales de los contextos espacio temporales, por ende, un sistema social no forma una estructura social, sino que exhibe propiedades estructurales, tal como señala Giddens “Las propiedades estructurales más profundamente arraigadas, implicadas en la reproducción de las totalidades sociales, a las que llamo principios estructurales. Aquellas prácticas que tienen el mayor espacio – tiempo la extensión dentro de tales totalidades puede denominarse instituciones” (Giddens, 2011, p.17)

En este tenor, Giddens (2011) subraya dos componentes de la estructura social: las reglas y los recursos. Las primeras, según Giddens se refieren al “saber cómo seguir” y las presenta como modalidades o procedimientos generales de acción que los agentes movilizan (Bailyn, 2002). Por tanto, las reglas contribuyen a reproducir o transformar las prácticas sociales. Continuando con las reglas, Giddens hace una distinción adicional entre dos tipos de ellas: interpretativa y normativa. Las reglas interpretativas, son las reglas de significación y constituyen el aspecto cognitivo de la estructura social (Cómo lo hacemos). En tanto, que las reglas normativas regulan la legitimación de las acciones (Cómo debemos hacerlo) (Guiddens, 2011).

Los recursos, por su parte, pueden ser asignados o autorizados. Los recursos de asignación comprenden los elementos materiales en el entorno de los agentes, así como todas las técnicas, instrumentos, procedimientos, etc., producidos por los seres humanos (Giddens, 2011). Los recursos autorizados contemplan la organización social del espacio temporal, la organización y las relaciones de los seres humanos en múltiples asociaciones y, por último, la organización de las posibilidades de autodesarrollo y autoexpresión (cómo hacer que otros lo hagan) (ibid).

Con base a lo anterior, se observa que la estructura y la interacción son inconcebibles. Por un lado, las reglas y los recursos son a la vez los medios y los resultados de las acciones de los agentes; por otro lado, las reglas y los recursos también restringen y habilitan interacciones (comunicación, poder y sanción) (Giddens, 2011)

Al respecto, la comunicación implica el uso de esquemas interpretativos de conocimiento y significado que los agentes utilizan para dar sentido a sus propias acciones y a las de los demás (estructuras de significación). El poder se refiere a la capacidad de asignar recursos materiales y humanos (estructuras de dominación). Finalmente, los agentes sancionan sus acciones basándose en normas o estándares de moralidad (estructuras de legitimación) (Guiddens, 2011).

Se hace hincapié que, la vida cotidiana y la estructuración de la sociedad según lo propuesto por Giddens, ocurre en lugares y tiempos específicos, como puede ser una escuela, un mercado, una comunidad y un campo práctico como el de la enfermería, el cual se reconoce a través de su naturaleza y sus propiedades estructurales (Giddens, 2011).

Para comprender lo que está sucediendo, adoptar la práctica correcta, utilizar los recursos adecuados y ajustar adecuadamente la acción a las normas, los agentes recurren a sus competencias para movilizar las propiedades estructurales que sirven de configuración para la interacción. Sin embargo, no todos los agentes tienen el mismo acceso a las propiedades estructurales. Todo esto va a depender de las competencias específicas y del posicionamiento de cada agente, por ende, la mayoría de los encuentros suele darse en co-presencia o rutinarios (Giddens, 2011).

USO DE LA CONFIA COMO REPRODUCCIÓN DEL SISTEMA SOCIAL DE ENFERMERÍA

            El sistema social se conforma como dice Giddens por un conjunto de estructuras sociales, y éstas a su vez se conforman de prácticas cotidianas o representaciones “recursivas” de acciones que mantienen y reproducen la estructura social. En este sentido, el sistema social de la enfermería se conforma de estructuras sociales como las escuelas y/o facultades, las jefaturas de enfermería, los gremios o colegios de enfermeros, los consultorios de enfermería, entre otros; los cuales contienen diversas propiedades estructurales que permiten que la práctica de enfermería siga reproduciéndose bajo un régimen jerárquico, normativo, ético, procedimental, simbolizado y de sumisión hacia otras disciplinas.

            Como bien dice Giddens, sólo a través del análisis de las prácticas rutinizadas como el uso de la cofia, se pueden entender las dinámicas sociales que subyacen en esta disciplina. Al respecto, se añade que desde la formación académica, y en la interacción social entre docentes y alumnos se va construyendo y reproduciendo los significados, esquemas, normas y recursos que conllevan al uso y porte de la cofia.  

            Cabe mencionar que, la cofia es una propiedad estructural de la enfermería, que en sus orígenes se remota a la época de la edad media, cuando la reconocida madre de la enfermería, Florence Nightingale usaba un atuendo sobre el cabello llamado “Toca” o gorro como un símbolo de pureza y servicio a la humanidad; en ese entonces, las tocas eran diseñadas y utilizadas con base a la posición social y a la orden religiosa a la que se perteneciera, por ende, las enfermeras medievales también crearon sus propias tocas, a las que llamaron cofias, para poder crear una distinción y no ser confundidas con servidoras sexuales, específicamente, en el transcurso de la noche, cuando ellas realizaban las visitas a los enfermos.

            Este atuendo, tal y como dice Giddens se internalizo e institucionalizo en la disciplina, y como tal, para su uso se crearon ciertas reglas y recursos que contemplan la identidad, la sencillez, el servicio, las características de porte y la posición jerárquica dentro del sistema enfermero.

Desde esta perspectiva, las reglas y los recursos que trata Giddens, al mismo tiempo que permiten la adecuada reproducción del sistema, también restringen y habilitan las interacciones e integración social. Por ejemplo, la comunicación intersubjetiva entre enfermeros está mediada por la posición jerárquica representada a través de la cofia. En este sentido, el elemento de poder va estar dado desde una posición de mayor rango como la jefatura, a una de menor rango como las enfermeras operativas, y esta estructura de dominación y distinción va estar proporcionada por la cantidad de líneas que se observan en la cofia de la enfermera. Finalmente, con la posición estructural de la enfermera dentro de ese gremio, se podrán establecer las sanciones para aquellos enfermeros de menor rango que no estén acatando las normas. Esta estructura de legitimación del enfermero jefe que porta una confía con múltiples líneas, es lo que permitirá que la estructura se siga reproduciendo a través de esas prácticas rutinizadas y aceptadas por todos los miembros.  En este sentido, la conciencia discursiva de los enfermeros se reflejará en el acto de amor y cuidado al prójimo antes que al propio cuidado, debido a que la confía lleva en su significado la sumisión y servicio al otro. Empero, la conciencia práctica de la enfermera sabe que siempre debe portar la cofia, y también debe producir el mismo discurso ideológico, porque es parte de una normativa ética que le fue trasmitida desde su formación en la academia. Sin embargo, esto no refleja los deseos de éstas a no usar la cofia, los cuales se componen de los siguientes planteamientos: en primera, porque las enfermeras saben que existe una desigualdad estructural que no obliga a los enfermeros hombres a usar dicho atuendo; segundo, porque el uso de la cofia en el interior de las instituciones hospitalarias, representa para ellas disconfort e incomodidad para la implementación de sus cuidados; y tercero, que la cofia, independientemente del simbolismo de identidad que representa, marca una línea vertical de dominación que no representa al liderazgo y empoderamiento transformacional, sino al ejercicio de un poder coercitivo y normativo sobre los menos favorecidos (menor nivel de estudios, menor posición jerárquica, menor especialización de la práctica, menor uso de las tecnologías, menor antigüedad en el puesto, menor autonomía y menores relaciones de conveniencia). Por tanto, entender y explicar las motivaciones de estos agentes para seguir reproduciendo esa práctica rutinizada, es lo que vuelve complejo y atractivo el análisis, porque precisamente es lo que conforma el componente psíquico del inconsciente, el cual es muy difícil de traducir.

Toda la explicación anterior, denota lo que Giddens refería en su teoría sobre el hecho que todas las acciones no están motivadas directamente, sino muchas de estas prácticas son rutinizadas y al mismo tiempo institucionalizadas, porque el agente enfermero racionaliza su acción por convención y seguridad ontológica, por ende, éste justificará su acción discursivamente a través del código deontológico e ideológico que representan a su profesión. Además, que las reglas interpretativas y normativas le enseñan al enfermero cómo debe hacer su práctica mediante el uso de la cofia, porque éste se mueve y actúa simbólicamente a través de las líneas que observa, tal y como ocurre con los semáforos.

Por tanto, se prevé que la cofia como recurso asignado institucionalmente proporciona a los enfermeros los elementos materiales para seguir reproduciendo esa práctica, tales como técnicas de uso, material de elaboración, procedimiento de conservación y ceremonia para su imposición. En tanto, como recurso autorizado institucionalizado comprende las reglas de organización para la comunicación e interrelación entre los agremiados enfermeros, así como la organización para el autodesarrollo y la autoexpresión.

La pregunta ahora es: ¿Los enfermeros también sabrán cómo producir una transformación o ruptura en su sistema social? Al respecto, Giddens (2011) especifica que a través del monitoreo reflexivo de sus acciones, los agentes pueden desempeñar un papel dominante en los procesos de cambio social, gracias a ese poder transformador de la acción. En este sentido, el monitoreo reflexivo y la racionalización de la acción en los enfermeros implicará que éstos tengan la capacidad de crear una diferencia como agente.

CONCLUSIONES

A través de la teoría de la estructuración de Giddens se pudo constatar cómo ciertas prácticas rutinizadas como el uso de la cofia, permiten que un sistema social se siga reproduciendo. Quizás la pregunta ahora vaya en relación del porqué seguir realizando dicha práctica, cuando ésta es una construcción social que se desarrolló en la época medieval, la cual estaba mediada por reglas y recursos de un contexto socio histórico que ya no es compatible con los tiempos actuales.

  En una respuesta más próxima y siguiendo los postulados de Guiddens, se puede añadir que dichas prácticas vienen cargadas de simbolismos y rutinas que no han requerido ni un monitoreo reflexivo ni una racionalización de la acción por parte de los agentes, debido a que éstos poseen una seguridad ontológica, una convención y una justificación discursiva en relación a dicha propiedad estructural.

También se puede agregar, que la implementación de dicha propiedad estructural y práctica rutinizada ha favorecido el orden y actuar de los agentes, la personalidad de los enfermeros y el mantenimiento de un sistema social que se forja en la disciplina, en el trabajo jerarquizado, en la eficacia y la eficiencia, en las relaciones de poder y dominio y en la reproducción de un modelo biomédico hegemónico que trata la enfermedad más que la salud.

REFERENCIAS

  • Giddens, A. (2011). La constitución de la sociedad. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Bailyn, S. J. (2002). Who Makes the Rules? Using Wittgenstein in Social Theory. J Theory of Social Behaviour; 32: pp. 311-329.
  • Sewell, W. H. (1992). A Theory of Structure: Duality, Agency, and Transformation. American Journal of Sociology; 98: pp. 1-29.

[1] Según Giddens (2011), el monitoreo reflexivo de la acción se refiere a la facultad que los individuos tienen de situar su acción en relación con ellos mismos y con los demás. También se refiere a la capacidad que tienen los agentes para controlar los aspectos físicos y sociales de los contextos en los que interactúan (ibid).

[2] El inconsciente incluye aquellas formas de cognición e impulsión que están totalmente reprimidas desde la conciencia o aparecen en la conciencia solo en forma distorsionada. Los componentes motivadores inconscientes de la acción, como sugiere la teoría psicoanalítica, tienen una jerarquía interna propia, una jerarquía que expresa la “profundidad” de la historia de vida del actor individual. (Giddens, 2011)


El MIEDO ENCARNADO DE ENFERMERÍA Y COVID-19

Karla Ivonne Mijangos Fuentes

Al momento de la noticia sobre el primer caso de coronavirus en México, comencé a ver dentro de mis redes sociales publicaciones de muchos de mis colegas enfermeros/as, quienes expresaban a través de memes, imágenes, videos y demás publicaciones el terror, pánico e incertidumbre que sentían en torno a esta nueva tormenta que se avecinaba para nuestro país. Empero, previo a sumergirnos en el mundo del miedo colectivo de enfermería, me gustaría añadir que, muchas de las imágenes que circulaban previamente en el Facebook, Instagram y otras redes sociales abordaban dos aspectos primordiales: 1) el carácter heroico de los enfermeros quienes deberán enfrentar con sus propias armas esta pandemia por COVID-19, por tanto, éstos se miran inmunizados por la sociedad y; 2) las imágenes desalentadoras de enfermeras en Italia y otros países, quienes, además de ser explotadas laboralmente con jornadas de más de 12 horas, han sido ya contagiadas de COVID-19 debido a la escases y falta de equipos de protección.

Es así que, el miedo manifestado de forma oculta a través de imágenes y metáforas [digo metáforas, porque en sentido real, las emociones de miedo siempre han sido contenidas en los profesionales de la salud] entre los colegas enfermeros mexicanos, era debido a esta gran cantidad de imágenes que circulaban en redes sociales, aunado a otras subjetividades del miedo, las cuales debían ser interpretadas y explicadas. Es por ello que, me di a la tarea de publicar una imagen que contenía la siguiente frase: “mi miedo no es contagiarme, mi miedo es contagiar a mi familia”; y a través de ella, invité a mis compañeros enfermeros a expresar lo que verdaderamente les causaba miedo en torno a este acontecimiento histórico que estamos viviendo todos los mexicanos y todos pobladores del mundo.

A este respecto, solo voy a destacar algunas de las respuestas, porque al parecer, este miedo que expresan algunos enfermeros, es también el miedo que suelen subjetivar y encarnar la mayoría de ellos o ellas. Por ejemplo, Desir (2020) de la República Dominicana, quien también tiene el rol de madre y cuidadora, señalaba “no quiero dejar a mis hijos huérfanos, ya que mis pulmones no resistirían”. En esta descripción podía sentir y verme afectada por el dolor de muchas enfermeras, quienes también son madres, cuidadoras no remuneradas de los hijos, padres y del hogar, pero también son trabajadoras del cuidado profesional. En este tenor, el dolor sentido en el cuerpo de aquella mujer no era hacía sí misma, era por el devenir incierto de sus hijos. Esto me hacía pensar sobre el valor del autocuidado, el cual no solo implica desarrollar actividades y ejercicios de protección física, sino también pensaba en el valor despersonalizado, el sacrificio maternal por el hijo, es decir, aquí no importamos ambos, no nos necesitamos ambos mutuamente, en este caso, y muchos más, mi valor añadido como persona gira en torno al otro, ese otro que debe sobrevivir, como en el caso de la cadena alimenticia, que sobrevive el más fuerte, el más valorado por la sociedad, el que tiene más posibilidades de sobrevida, y por supuesto que, esto normaliza y naturaliza el valor sacrificado de la mujer; con ello, no quiero decir que los hijos no tienen el valor añadido, pero como refiere Marcela Lagarde, la mujer es siempre la que tiene encarnado y sistematizado ese rol amoroso y sacrificado, restando valor a su propia vida, en tanto, se sabe que ambas vidas deben tener igualdad de importancia dentro de la sociedad, por tanto, el valor de la colectividad debe adquirir mayor trascendencia y significado.

En otra de las respuestas escritas, López (2020) de México apuntaba “honestamente, mi miedo es el mismo que el de siempre, no al de la muerte, sino a qué tanto puede ser maltratado mi cuerpo por la enfermedad y por las intervenciones médicas antes de morir, sin que tenga la conciencia para evitarlo”. Al mirar esta respuesta, pensaba en las mil maneras de morir, y justamente, coincidía con López en que la muerte menos deseada para muchos ha sido morir dentro de un hospital, sobre todo, sí añadimos que como enfermeros/as conocemos la cotidianidad y el sentido común de vivir, sobrevivir y morir en el interior de un hospital, independiente que, los cuidados y procedimientos hospitalarios se hagan con la mayor delicadeza y con la mejor calidad y calidez. Como enfermeros (as) sabemos que la dureza de las camas es inevitable, reconocemos que la colocación de un tubo endotraqueal es uno de los procedimientos más dolorosos, y no quiero pensar, en el procedimiento de succión o aspiración de secreciones.

Asimismo, como enfermeros (as) conocemos las precarizaciones dentro de los hospitales, tanto de recursos humanos, materiales, económicos, como emocionales. Por tanto, el miedo a morir en el interior de un hospital, bajo tratamiento y procedimientos hospitalarios de alta complejidad, en medio de un cuarto de aislamiento, en estado inconsciente, pero siempre atento y escuchando los pronósticos, no siempre tan buenos, es normal que se pronuncie más prominente entre los enfermeros (as), es obvio, que como enfermeros(as) rechazamos a lo que estamos más acostumbrados; justo nos sucede, como el que vive en pobreza toda la vida, y cuando logra salir de ella, siente una aporofobia inmensa, o el que presenta un cuerpo gordo, y cuando se hace esbelto, presenta gordofobia, justo así nos sentimos nosotros, con ese temor inmenso a morir en ese entorno que tanto rechazamos.

Finalmente, agrego la descripción de Espinosa (2020) de México, quien decía “desde un inicio de la pandemia, vivo con una adulta mayor de 84 años. No me importaría enfermarme o lo que pueda pasarme, me duele el solo pensar que como siempre, por el hospital, tengo que alejarme de mi familia. Nunca pensé que ser enfermera me quitaría tanto tiempo con mi familia, y que ahora puedo perjudicarlos, estoy muy triste”.  Es así que, vemos a través de esta herméutica textual, el carácter de culpabilidad transfigurado en miedo, esa culpa por contagiar al otro, y desde ese momento, morir en vida por haber sido la causa de que otros mueran. Algo que notablemente, necesitamos cambiar y modificar, porque esta connotación hace de la enfermería una profesión siempre sacrificada por y para la humanidad, sin embargo, la vida en colectividad se vive en un entorno de igualdad y equidad, porque los héroes solo fueron utilizados para colonizar el pensamiento, el hacer y al ser, pero esos héroes también se han deconstruido en sociedad y solidaridad. 

En general, esta visión sacrificada y focalizada de la enfermería, es lo que produce el miedo a enfermar al otro, a morir dentro de un hospital, a atender a usuarios enfermos sin protección. No obstante, ese miedo además de no ser expresado, tiene que ser contenido y subsumido al cuerpo, porque se nos ha enseñado que siempre debemos dar lo mejor de nosotros/as, siempre sentir compasión por el otro y sacrificar sin esperar nada de nadie. Sin embargo, este miedo debe ser deconstruido y descolonizado, porque el pensamiento deliberado nos permitirá expresar el miedo sentido y encarnado para exigir entornos laborales adecuados, en lo económico, humano y material, y nunca, sentir que nuestra vida como enfermeros vale menos que el resto de las vidas de la sociedad.

Referencias

  • Ahmed, S. (2014). La política cultural de las emociones. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Lagarde, M. (2001). Memoria: Claves feministas para la negociación del amor. Managua: Puntos de Encuentro
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